Estrategias para el manejo integrado de la moniliasis (Moniliophthora roreri)
- Autor/a de la tecnología
- Yeirme Jaimes Suárez, Fabio Aranzazu Hernández
- Institución que la publica
- Corpoica, Fedecacao, IICA · Colombia
- Documento fuente
- MANEJO DE LAS ENFERMEDADES DEL CACAO (Theobroma cacao L) EN COLOMBIA, CON ÉNFASIS EN MONILIA (Moniliophthora roreri) · 63-64-65-66-67-68 pág.
- Código de ficha
- 900255
Descripción de la tecnología:
Control cultural
Las prácticas culturales y de manejo del cultivo permiten la manipulación del medio ambiente para generar condiciones menos favorables al desarrollo de la enfermedad; estas condiciones se logran mediante una modificación de las prácticas regulares del agricultor. Este es el método más importante para reducir la tasa de incremento de M. roreri y las pérdidas de la cosecha, logrando alta productividad.
En Colombia, los primeros trabajos para el control cultural sistemático y organizado de la moniliasis los inició el ICA a finales de la década de 1960, cuando se demostró que el control de la sombra, las podas frecuentes y suaves del árbol, la remoción periódica y la destrucción de frutos enfermos ofrecen un control satisfactorio de la enfermedad (Barros, 1977).
Posteriormente, entre las décadas de 1970 y 1980 se continuaron las investigaciones que permitieron el ajuste del método del manejo cultural; se definieron las épocas y frecuencias de remoción de frutos, teniendo en cuenta la sintomatología de la enfermedad, y se definió como mejor frecuencia la remoción semanal (Cubillos y Aranzazu, 1979). También, se implementó la metodología de podas fuertes y reducción de altura como alternativa para rehabilitar las plantaciones y reducir la incidencia y severidad de la monilia (Aranzazu, 1990).
Estas prácticas de control pueden no influir directamente en la mortalidad del patógeno, pero están orientadas a prevenir la aparición y brotes de la enfermedad. El control cultural está asociado a métodos mecánicos, e involucra también otros aspectos del cultivo y manejo del suelo. A continuación se describen los métodos de control cultural a incluir en la estrategia de manejo integrado de la moniliasis:
• Arreglos agroforestales: el crecimiento de dos o más cultivos en el mismo terreno es una práctica común en la agricultura de subsistencia, en muchos países tropicales. Una ventaja inherente de los sistemas de cultivos múltiples es el aumento de la biodiversidad y el incremento de la calidad y cantidad de los enemigos naturales, con lo cual se provee mayor estabilidad al agroecosistema (Peshin y Dhawan, 2009).
Las plantaciones múltiples con cacao se establecen en un sistema multiestrata, donde se involucran una o más especies de árboles de copa alta y el cacao. El sombrío provisto al inicio del establecimiento de árboles de cacao incrementa las ventajas biofísicas para la producción.
Se presume que el aumento de la producción en estos sistemas, resulta del mejoramiento de los recursos asociados con los procesos comunes del agroecosistema, como son la eficiencia en el ciclaje de nutrientes, el mejoramiento de las características del suelo, la modificación de la infiltración de la luz, el realce en la disponibilidad de humedad y la reducción de la competencia por arvenses (Hartemink, 2005; Isaac et al., 2007).
Un elemento importante para el control de plagas y enfermedades en sistemas agroforestales es el manejo de la sombra. El nivel óptimo de sombra depende de las condiciones ambientales y de los problemas fitosanitarios que limitan la producción en el ámbito local. El manejo de la sombra debe ir dirigido a reducir los estreses fisiológicos (Schoroth et al., 2000).
Además, los árboles forestales utilizados como sombrío pueden reducir la velocidad del viento y la evotranspiración; en consecuencia decrece el estrés por humedad y por temperaturas del aire externo y del suelo en la época seca. Esto es esencial para el establecimiento y supervivencia de plántulas de cacao en ambientes estacionalmente secos y húmedos, ya que son altamente susceptibles a la deshidratación (de Almeida y Valle, 2007).
Otro efecto del sombrío sobre el cacao es la reducción de la radiación, lo que influye en la tasa fotosintética. La alta radiación, la alta temperatura y la alta tasa del metabolismo traen como consecuencia para las plantas altos requerimientos de agua, nutrientes y labores culturales.
• Poda: la poda es una práctica cultural que debe ir acompañada de fertilización, riego y el control de plagas y enfermedades. Las razones para realizar la poda son: (1) estimular el crecimiento de brotes vegetativos; (2) remover el material vegetal senescente, con daño mecánico o enfermo; (3) manipular el microclima del dosel del árbol de cacao; (4) mejorar la floración; (5) incrementar la producción de frutos. La poda también se debe realizar a los árboles de sombrío en la plantación. En cacao existen dos tipos de poda: la de formación y la de mantenimiento.
La poda de formación requiere ser dirigida por un experto o abstenerse de hacerla en caso de desconocimiento ya que puede ocasionar daños irreversibles sobre las plantas de cacao. La poda de mantenimiento requiere de la remoción de ramas ortotrópicas que crecen desde la base del tallo o ramas improductivas (comúnmente denominadas chupones), así como la eliminación de ramas enfermas o secas que en algún momento del año crecen hacia la parte central (Días, 2001).
Resultados experimentales indican que la poda de mantenimiento es indispensable para obtener altas producciones. En plantaciones donde se practica una correcta poda de mantenimiento, se incrementa significativamente el número de flores y frutos en comparación con árboles no podados. La práctica de la poda es importante en plantaciones establecidas con clones, para corregir y levantar el dosel de los árboles (Días, 2001).
La poda se hace desde el interior hacia el exterior de la planta, se eliminan las ramas cruzadas y no se dejan espacios para evitar la necrosis del tronco y la alta incidencia de malezas que aparecen como consecuencia de la luz solar directa (Días, 2001).
En Colombia, se recomienda dos podas al año, inmediatamente después de la cosecha, con el fin de preparar los árboles para la siguiente producción.
• Cosecha oportuna: es necesario recolectar las mazorcas en el grado de madurez adecuado y aprovechar para identificar y eliminar frutos momificados adheridos a las ramas y troncos de los árboles.
• Fitosanidad: son prácticas que definen el potencial de dispersión de una plaga o patógeno; involucran la recolección o eliminación de material enfermo. El control de la moniliasis incluye medidas de remoción y destrucción de mazorcas enfermas, las cuales son fuente potencial para la dispersión de M. roreri. Integrar estas mazorcas a la hojarasca acelera los procesos de desintegración del material vegetal y permite que microorganismos involucrados en el proceso de descomposición de la materia orgánica actúen con agentes biocontroladores del patógeno. Estos organismos producen metabolitos que pueden tener acción biocida o inhibidora de crecimiento y desarrollo del patógeno.
Otra práctica importante es el lavado y desinfección de las herramientas empleadas en las tareas de remoción del material enfermo.
Control biológico
Uno de los enfoques más exitosos del manejo integrado de plagas sin químicos es el control biológico, considerado valioso en los programas de manejo integrado de plagas (MIP). Sin embargo, el control biológico o biocontrol surgió hace pocas décadas con el desarrollo del MIP como una práctica eficiente para el manejo de plagas o enfermedades (Peshin y Dhawan, 2009).
El control biológico implica el empleo de organismos vivos o virus que regulan la incidencia de insectos plaga o patógenos. En los últimos cien años se ha visto un rápido incremento en su conocimiento y empleo, lo que ha permitido manipularlos como parte de un sistema efectivo y seguro para el manejo de plagas o enfermedades (Peshin y Dhawan, 2009).
En la actualidad, el control biológico enfatiza en la conservación de los enemigos naturales, los cuales se encuentran en los ecosistemas naturales, generando un equilibrio entre las poblaciones de organismos presentes (Peshin y Dhawan, 2009). Estos organismos son de gran interés por su potencial como agentes de control biológico (ACB) y por su adaptabilidad a los diversos factores bióticos y abióticos de un agroecosistema. Esto se debe a que los enemigos naturales han coevolucionado en el sistema, proveyendo por sí mismos un significativo nivel de control de las poblaciones de patógenos.
Las interacciones de los biocontroladores con el patógeno involucran numerosos mecanismos, entre éstos el sinergismo, el cual define la capacidad de estos organismos de suprimir la enfermedad. Sin embargo, la durabilidad del control o supresión de la enfermedad está definida por la capacidad de establecimiento y adaptación del microorganismo al medio ambiente circundante (Emmert y Handelsman, 1999). Por ende, la sostenibilidad del control biológico en un agroecosistema va a depender del conocimiento de los mecanismos de acción del biocontrolador, el medio ambiente circundante y la complejidad de la comunidad microbiana en la parte aérea de la planta (Jeger et al., 2009).
Acorde con lo descrito por Backman et al. (1997), la eficiencia de un ACB depende de muchos factores, como: la especificidad del hospedero, la dinámica de la población, los patrones de colonización del hospedero, la habilidad para movilizarse dentro de los tejidos y la habilidad para inducir resistencia sistémica en la planta (Melnick et al., 2008). El conocimiento de la naturaleza de un agente de biocontrol y de sus mecanismos permite asegurar el éxito del control de un patógeno (Fravel, 2005). Los principales mecanismos de acción de un biocontrolador son la competencia, la antibiosis, el parasitismo y la inducción de resistencia; cada uno puede representar un parámetro de selección; sin embargo, éste tiene más de uno. La selección de un biocontrolador depende del sistema productivo y del producto a cosechar (Fravel, 2005). Para el control de la moniliasis del cacao, un biocontrolador eficaz es aquel capaz de colonizar de manera rápida y en su totalidad la epidermis (superficie) del fruto, excluyendo el patógeno y a su vez compitiendo por nutrientes importantes para la germinación de M. roreri.
En los últimos años, la búsqueda de agentes de control biológico contra patógenos de cacao ha sido enfocada hacia el aislamiento de microorganismos de las partes aéreas de las plantas (Hoopen et al., 2003). Dentro de las poblaciones microbianas asociadas simbióticamente a estos tejidos de la planta se encuentran los organismos epifíticos (que crecen superficialmente sobre los tejidos) y los endófitos (que crecen en los tejidos internos) (Backman y Sikora, 2008).
En cacao, el empleo de microorganismos endófitos nativos como antagonistas ha mostrado buenos resultados para el control de M. roreri, M. perniciosa y Phytophthora sp. (Evans et al., 2003, Krauss et al., 2006; Melnick et al., 2008). Los agentes de control biológico han sido probados como antiesporulantes de M. roreri. Se ha comprobado la coevolución de micoparásitos con efecto de control contra M. Roreri, entre los cuales se encuentran: Trichoderma ovalisporum, T. koningiopsis y T. Paucisporum, seleccionados en pruebas piloto en Ecuador, Perú y Costa Rica (Hebbar, 2007). Estos microorganismos reducen la esporulación del patógeno sobre las mazorcas y se establecen alrededor de 4 meses sobre los cojines florales (Hebbar, 2007).
En el caso de microorganismos endófitos, estos colonizan la filósfera de las plantas, lo cual demuestra su coevolución con la planta de cacao (Mejía et al., 2008). Entre los efectos benéficos de los microorganismos endófitos para su hospedero se encuentran el incremento de la tolerancia a sequías (Arechavaleta et al., 1989), la protección contra nematodos (Kimmons et al., 1990) y la resistencia a hongos fitopatógenos (Clarke et al., 2006), entre otros (Mejía et al., 2008).
En especies maderables y el cacao, las asociaciones endófitas son altamente diversas y de transmisión horizontal (adquiridos del ambiente) y muestran sólo algún grado de afinidad por el hospedero (Mejía et al., 2008). Los endófitos encontrados en hojas de cacao tienden a ser hongos habitantes naturales del suelo, predominando los géneros Trichoderma y Clonostachys (Mejía et al., 2008). También, se ha encontrado la presencia de bacterias endófitas del género Bacillus (Melnick et al., 2008).
En Colombia, Corpoica ha adelantado ensayos de evaluación de microorganismos nativos con efecto potencial de biocontrol, en condiciones in vitro. Aunque en ensayos preliminares sólo una cepa de Clonostachys sp., mostró un efecto de biocontrol en condiciones de campo, es necesario seguir evaluando otros microorganismos, ya que según los reportes de Phillips-Mora et al. (2007) en Colombia se encuentra el mayor potencial de agentes de biocontrol, surgidos por coevolución, por ser el centro de origen de M. roreri.