Variedades resistentes a tomar en cuenta en la agricultura ecológica
- Institución que la publica
- Instituto de Restauración y Medio Ambiente · España
- Documento fuente
- Agricultura Ecológica Manual y Guía Didáctica · 239-240 pág.
- Código de ficha
- 300973
Descripción de la tecnología.
Generalmente las plantas se cultivan por su productividad, su comportamiento frente a los factores geográficos, climáticos, su resistencia a las plagas y enfermedades o por otras características que las hacen apreciadas (sabor, color, tamaño…).
En el proceso de selección es importante tener en cuenta el grado de resistencia de las plantas a sus enemigos potenciales. La resistencia se puede expresar en una escala que contiene desde la sensibilidad hasta la inmunidad.

Las plantas denominadas sensibles no tienen ningún tipo de protección frente a las plagas y enfermedades, por tanto, cuando son afectadas no tienen defensa posible y si el ataque es intenso, puede acabar con ellas.
Tolerantes se denominan a las plantas que no actúan de ninguna manera cuando son afectadas por una plaga o enfermedad determinada porque normalmente los daños nunca son graves y no impiden su desarrollo normal.
Resistentes son aquellas plantas que tienen mecanismos de defensa contra una plaga o enfermedad concreta y que en un momento determinado pueden utilizarlos o no, dependiendo del grado de infección. Esa resistencia que generan puede estar relacionada con la inhibición completa de la infección o puede guardar relación con la inhibición del crecimiento del patógeno; en ambos casos el resultado es el mismo, disminuye el potencial de la infección.

Esos mecanismos de defensa puede generarlos antes de la infección para evitar daños graves; pueden manifestarse en forma de barreras físicas frente al parásito, o mediante barreras químicas sintetizando sustancias que son tóxicas, o desprendiéndose de las zonas dañadas evitando así su progresión.
Inmunes son aquellas plantas que no son atacadas por una plaga o una enfermedad determinada bien porque no forman parte su cadena de alimentos o porque la planta está bien protegida contra ellas y no la afectan.
La selección natural juega tanto con las plantas como con los parásitos de manera que unos buscan nuevos medios para atravesar las barreras que oponen las plantas y las otras diseñan nuevas estrategias para defenderse de un parásito determinado.

La resistencia es normalmente un carácter genético que se transmite de unas generación esa otras en la reproducción. Esta resistencia puede ser conferida por diversos genes principales en cuyo caso la resistencia es muy específica o puede ser conferida por poligenes en cuyo caso la resistencia es más general.
A la resistencia muy específica se le llama también resistencia vertical y es muy efectiva contra el parásito específico que la afecta,
sin embargo no es muy útil frente a otros parásitos diferentes. A la resistencia menos específica y más general se le llama también resistencia horizontal. Esta es menos útil frente a un parásito concreto, pero es más útil frente a una colección amplia de parásitos. No se puede seleccionar resistencia horizontal en presencia de resistencia vertical (Simmonds 1979).
Por eso a la hora de seleccionar las variedades más resistentes hay que tener en cuenta la importancia de la diversidad genética. Todas las plantas cultivadas provienen de unos parientes silvestres. Con el paso del tiempo se han ido seleccionando aquellas más productivas o más resistentes haciendo que se adapten bien a una zona concreta.
Mediante un proceso reproductivo constante han ido apareciendo esas variedades locales, pero a medida que aumenta la selección se pierde diversidad genética. Por eso es muy importante conservarlo en una región concreta para una variedad y esto se puede conseguir cultivando distintas variedades de una planta determinada.
Esta diversidad regional permite obtener una serie de ventajas notables
Suministrar genes que pueden ser el origen de nuevas variedades..
Contribuir a la disminución de las epidemias y de las pérdidas de producción causadas por ellas.
Es un seguro para evitar malas cosechas el disponer de variedades diferentes.
Todo esto conduce relativamente a las normas que imperan actualmente en la agricultura convencional en la que predomina el monocultivo y se utilizan variedades muy específicas que tienen problemas de adaptación a los cambios ambientales, a las plagas y enfermedades. En agricultura ecológica, por el contrario, se pretende salvaguardar la diversidad dentro de una buena productividad, trabajar con las especies autóctonas o localmente adaptadas, a la climatología a las plagas y enfermedades más comunes de la región.