Semillas Criollas e Identidad Campesina
- Autor/a de la tecnología
- Evadir José Albarello, Ingeniero Agrónomo: Marciano Toledo da Silva, Frei Sérgio Görgen. Traduzido por: Silvia Beatriz
- Institución que la publica
- viacampesina · Porto Alegre, Brasil
- Documento fuente
- ALMACENAR Y DISTRIBUIR SEMILLAS CRIOLLAS COMO INSTRUMENTO DE ACUMULO DE FUERZAS DEL CAMPESINATO · 6-7 pág.
- Código de ficha
- 300720
La humanidad se sustenta hace millares de años, desarrollando y mejorando conocimientos en los diferentes lugares y por diferentes pueblos. Así, por las manos de las mujeres, surgió la agricultura que hace millares de años alimenta a la población mundial. La agricultura fue desarrollada y mejorada por los campesinos y por las campesinas, por la observación de la naturaleza y adaptando millares de variedades de semillas en todo el mundo.
Ese modelo prosperó por millares de años y siempre consiguió producir alimentos y convivir armoniosamente con la naturaleza y los demás seres vivos.
Pero qué pasó con la identidad y la vida campesinas?
En los últimos años, buscando concentrar riquezas, grandes grupos económicos comenzaron a invertir en la agricultura. Impusieron las semillas híbridas, los fertilizantes químicos, los agrotóxicos, las altas tecnologías, el monocultivo y recientemente las semillas transgénicas. Obligaron a los campesinos a producir monocultivos, a destruir el medio ambiente, a dejar de lado su modo de vida, su cultura, sus costumbres y sus valores. Impusieron la ideología del mercado y del “progreso”, lo que generó una fuerte concentración de tierras, de renta y el empobrecimiento de los campesinos y de las campesinas, provocando el éxodo rural. Padronizaron el mercado, dictando lo que vamos a plantar y lo que vamos a comer. Comenzaron a decir que el colono era atrasado y pajuerano. No permitieron que criásemos puercos, destruyeron nuestras huertas, pomares, hábitos y costumbres.
La identidad campesina es el reconocimiento de lo que identifica a la comunidad rural, de lo que le es propio, reconocer la afinidad propia con las personas y grupos. La identidad campesina se expresa en el modo de vida, en los hábitos de alimentación y en las comidas típicas, en la cultura, en la música, en las danzas, en la mística y religiosidad, en la manera de producir y de cuidar de la tierra. Para el campesino y la campesina, la tierra es el lugar de reproducir y cuidar la vida.
Las semillas criollas son el eslabón que une al campesino y a la campesina con su identidad. ¿Cómo podrá sobrevivir un campesino, una campesina y sus familias si no tienen semillas? Las semillas criollas fueron “robadas” a los campesinos y a las campesinas y, junto con ellas, se fue el conocimiento milenario sobre el cuidado y el proceso de producción de las semillas. ¿Quién, entre campesinos y campesinas, domina el proceso de producción de las semillas híbridas y transgénicas?
Muchos resistieron, cuidaron y multiplicaron las semillas criollas. La vida en el campo es plena de conocimientos y el campesino y la campesina conocen las semillas criollas, conocen el ciclo de las plantas, saben la época de plantío, y lo relacionan con otros factores de la naturaleza, como la luna, las estaciones del año y con la tradición milenaria y familiar. Ellos y ellas conocen la tierra, y la tierra conoce las semillas y, las semillas, por favorecer al conocimiento y recibir el cariño y la atención de las personas y de la tierra, se adaptan fácilmente y producen con calidad y en cantidad.
Esta relación fortalece el vínculo del campesinado y llena de orgullo y de satisfacción a quien las produce. Hoy es imposible vivir en el campo con autonomía y libertad si los campesinos y las campesinas no conocen ni dominan el saber sobre la producción de sus semillas.
Ellas son su mayor patrimonio, son capaces de generar vida saludable y tienen un valor sagrado. Las semillas son fuente de vida y se confunden con la propia vida de las personas que cultivan la tierra. Las semillas criollas representan abundancia, salud y continuidad de la vida.
Cuando cultivan semillas criollas, el campesino y la campesina establecen una relación de complementaridad, que pasa por su opción, por la preparación de la tierra, por el cuidado, por la abundancia de la cosecha y por la diversidad de alimentos que le aseguran salud, autonomía y prosperidad.
Su identidad está en la manera de vivir, en el privilegio de estar en sintonía con la naturaleza. Ella está vinculada a los hábitos de alimentación: platos típicos, diversificados, que respetan el origen y las costumbres regionales, aprovechan lo que tienen en la propiedad y es producido en casa; costumbres como: el trabajo colectivo en colaboración, el trueque y el préstamo de herramientas y equipamientos, el trueque de productos y semillas entre las familias y las fiestas de cumpleaños; fiestas tradicionales, religiosas y típicas del medio rural, fiestas de las semillas criollas, de las cosechas y de conmemoración del día 25 de julio; recreación en las comunidades con el rescate de los juegos de ronda, deporte, desafíos, danzas y bailes; educación pública y de calidad, con escuelas en el medio rural y pensadas para la realidad de la vida campesina; y el desarrollo de la agroecología como una manera moderna de producción que garantiza la sustentabilidad, el equilibrio ambiental y la permanencia del campesino y de la campesina en el campo con dignidad de vida. La identidad campesina es la expresión de su pueblo y de su vida.