FUNDESYRAM
Manejo Pecuario

que nos referimos con bienestar animal

Autor/a de la tecnología
Roberto García Trujillo, Juan Berrocal, Laura Moreno, Gisela Ferrón
Institución que la publica
Secretaría General Técnica
Documento fuente
PRODUCCIÓN ECOLÓGICA DE GALLINAS PONEDORAS · 27-28-29-30 pág.
Código de ficha
400279

El bienestar animal se refiere a un grupo de condiciones que afectan al animal, el medio y el manejo, que permiten que los animales puedan acoplarse a su medio, expresado este acople con síntomas positivos de confort como salud, crecimiento y reproducción. Para lograrlo, se plantea que los animales deben estar adaptados al medio donde se crían, puedan expresar al máximo posible su comportamiento natural (cría en libertad), a la vez que se les mantienen razonablemente libres de enfermedades, de las inclemencias climáticas, hambre, sed y maltrato, mediante un manejo adecuado y amistoso (ver a Verhoog y col., 2004:75). Entonces, para lograr el bienestar es necesario considerar un grupo de factores y combinarlos de forma armónica, debiéndose buscar el mejor equilibrio entre las necesidades de los animales, la economía de las granjas y la sociedad que reclama un trato justo a los animales de granja.

Mantener a los animales en sistemas que no garanticen su bienestar por lo general desencadena procesos conocidos como estrés. El estrés, además de producir sufrimiento y dolor en los animales, altera su comportamiento natural, los hace más vulnerables a las enfermedades, incrementa los daños físicos en ellos (picaje y canibalismo) y puede llegar a reducir su comportamiento productivo o provocar muertes (Rist y Bar, 1984).

El estrés se manifiesta en tres fases. Ante un cambio ambiental o agresión, los animales desarrollan una serie de reacciones y modificaciones fisiológicas que preparan al organismo para la lucha o la huida. A esta fase se le conoce como “reacción de alarma”. En la segunda fase denominada “de resistencia”, el animal alcanza un nuevo estado de equilibrio, aunque la acción agresora continúe. Esta fase dura mientras el organismo mantenga su capacidad de adaptación al estímulo y supone un esfuerzo con un coste biológico. Esta situación puede desembocar directamente en un fracaso adaptativo cuando el o los estímulos superan la capacidad de adaptación de los recursos fisiológicos del animal. Cuando el agente estresante no es tan fuerte como para provocar la muerte, la fase de resistencia se prolonga, adaptándose el organismo a la nueva situación y dando lugar a la situación de estrés crónico, lo que se conoce como “fase de agotamiento”, y donde se producen un grupo de procesos que disminuyen la resistencia a las enfermedades. Terminan por afectar el comportamiento individual, social, reproductivo y productivo del animal.

La Unión Europea, debido a las presiones sociales sobre las condiciones en las que se crían los animales y las evidencias científicas, ha desarrollado un cuerpo legislativo1 que regula un grupo importante de aspectos relacionados con el bienestar animal, los cuales han sido llevados a la legislación nacional2
.
Alguno de los aspectos relevantes de esta legislación es que todas las granjas avícolas de cría en jaulas deben estar transformadas en el año 2012 en jaulas acondicionadas, con 750 cm2 de superficie de la jaula por gallina, y provistas de nido, yacija que permita picotear y escarbar, aseladeros y un comedero de 12 cm de frente/gallina.

Los sistemas alternativos también deben de cumplir un grupo de normas que garanticen el bienestar de los animales que se describirán en está publicación.

El bienestar animal se puede medir de forma directa o indirecta. La primera es cuando se toman mediciones sobre componentes fisiológicos, bioquímicos o de comportamiento del animal; mientras que las mediciones indirectas se realizan sobre las condiciones de manejo a que están sometidos los animales, identificando aquellas que pueden causar estrés o confort en los animales.

El aumento del ritmo cardíaco, subida de la tensión arterial, incremento en número y profundidad de la respiración, aumento de la motilidad intestinal, así como el nivel de enzimas y hormonas, pueden ayudarnos a diagnosticar situaciones de estrés. Sin embargo, éstas son difíciles de medir en condiciones de granja.


Gallinas en Pastoreo entre frutales en dos granjas andaluzas (Fotos autores y cortesía de Huerta Río Grande)

Bajo las condiciones de granja es posible observar el comportamiento de los animales, especialmente la existencia de lesiones como picaje y canibalismo. La puesta de huevos en el suelo, el agrupamiento excesivo de los animales, los ataques y peleas, la hiperirritabilidad, reacciones de alarma o huida ante personas, problemas de salud, etc, pueden ser síntomas de no bienestar e inadaptación de los animales a los sistemas de alojamiento y/o manejo.

Según Webster (2005) las principales observaciones y medidas que debemos realizar en Gallineros relacionadas con el bienestar de las gallinas son:

1. Observar la apariencia del plumaje, ya que un pobre plumaje se asocia
a ocurrencia de estrés y temor en las gallinas
2. Examinar los registros de mortalidad
3. Examinar los registros de salud
4. Observar el comportamiento de picaje
5. Observar el grado de temor de las gallinas
6. Observar lesiones por picaje
7. Observar el grado de tranquilidad de las gallinas
8. Observar el uso de los patios
9. Examinar los registros de tratamiento de parásitos
10. Observar el uso de las perchas

Señala el autor que, para medir efectivamente el bienestar, el protocolo para realizar las mediciones deben ser prácticas (aspectos que se puedan medir fácilmente por el evaluador); poder medir actuaciones anteriores en el manejo (plumaje, lesiones, etc.); no ser intrusivo, o sea, no afectar a los animales. Se debe evitar las mediciones subjetivas que puedan tener mucha variación por el efecto de los observadores.

Para medir el grado de bienestar de las gallinas en granjas comerciales, hemos iniciado el desarrollo de un sistema de evaluación del bienestar animal (ver Anexo I). Para dicho sistema de valoración, nos hemos basado en el método seguido por el sistema internacional Animal Need Index (ANI), (Bartussek, 1999) que utiliza parámetros relacionados con el bienestar de las gallinas basado en una valoración objetiva y cuantificable; y en los acuerdos existentes sobre bienestar animal en los que se han establecido las 5 libertades básicas (Brambell Comité, 1965) que deben tener los animales para encontrarse en una situación de bienestar. También está basado en los propios requisitos que se establecen en el Reglamento (CE) 834/2007 sobre ganadería ecológica, y en su defecto, la legislación nacional que regula el bienestar de las gallinas ponedoras en las explotaciones. En este anexo se pueden encontrar un grupo de indicadores y los parámetros indicativos de diferentes niveles de manejo.

La aplicación de este sistema a seis explotaciones de gallinas ecológicas en Andalucía nos permitió obtener un índice de bienestar de cada granja, y encontrar relaciones entre este índice y la mortalidad o el nivel de picaje de las explotaciones (García Trujillo y col. 2007), aunque aún está en desarrollo.

No obstante, los sistemas de medición del bienestar deben garantizar a los animales un manejo que asegure las condiciones para que éste se produzca, y a la vez dar garantía a la sociedad de que se está dando un trato satisfactorio a los animales de granja.