Principales problemas de salud que se presentan en los rebaños ecológicos
- Autor/a de la tecnología
- Roberto García Trujillo, Juan Berrocal, Laura Moreno, Gisela Ferrón
- Institución que la publica
- Secretaría General Técnica
- Documento fuente
- PRODUCCIÓN ECOLÓGICA DE GALLINAS PONEDORAS · 89-90-91-92-93 pág.
- Código de ficha
- 400289
Dentro de las principales enfermedades que frecuentemente afectan a las aves ecológicas, están: la Coccidiosis (parasitosis interna más común), los parásitos externos, el picaje y canibalismo, siendo menos frecuentes las enfermedades respiratorias y otros parásitos internos (Lampking, 1997 y García Trujillo y col., 2008).
También son importantes controlar las enfermedades que pueden contraer las aves domésticas y ser transferidas al hombre mediante sus productos (zoonosis) como la Salmonella, la Echerichia coli y el Campylobacter.
Coccidiosis.
La Coccidiosis es una enfermedad producida por un protozoario que ataca al sistema digestivo; en especial el intestino delgado, los ciegos y el intestino grueso; destruyendo las células del tracto digestivo que normalmente son las que absorben los alimentos. Las formas agudas de la Coccidiosis producen serios daños en los tejidos, causando hemorragias y al final hasta la muerte.
En las explotaciones avícolas ecológicas la Coccidiosis presenta una morbilidad media, por lo general no produce mortalidad y es fácilmente controlada por los productores mediante la acidificación del agua con vinagre, informando veterinarios que atienden explotaciones ecológicas que han obtenido buenos resultados con preparados homeopáticos.
Parásitos Externos.
De los parásitos externos los más frecuente son los piojos del cuerpo de la gallina o piojo gris (Menacanthus stramineus) y el ácaro rojo o ácaro de las perchas (Dermanyssus gallinae).
El piojo gris es uno de los parásitos más comunes en las aves. Se localiza preferentemente en la región por debajo de la cloaca, aunque en las aves fuertemente infestadas pueden encontrarse en el pecho, la espalda y bajo las alas. Se alimentan de trozos cortados en las plumas y en la piel o succionando sangre de los cañones de las plumas blandas cerca de las bases, de este modo producen notable irritación y desasosiego en las aves (Cordero, 1999).
El ácaro rojo chupa la sangre de las aves que parasita y por esto se ve rojo. Son parásitos intermitentes, que se esconden en las grietas y fisuras de las instalaciones durante el día, y por la noche salen para alimentarse sobre las aves. Causan importantes daños en la industria avícola y es de particular importancia en las partes más calientes de las zonas templadas.
Para el control de estos parásitos es muy importante realizar una buena desinfección durante los vaciados de las naves, así como mantener la higiene dentro y fuera de los gallineros durante la crianza. En el caso del ácaro rojo, si aparece durante la crianza de las gallinas se puede desinfectar la nave con Cipermetrina; con cuidado de sacar las aves fuera de los gallineros al menos durante tres horas, y que los bebederos y comederos estén bien protegidos durante el tratamiento. También se usa con éxito el fuego, empleando sopletes de butano, que se aplica a todos los lugares con rendijas del gallinero como aseladeros, nidales, paredes etc. (García-Menacho, 2008, comunicación personal). También es habitual en las explotaciones avícolas ecológicas en Andalucía el uso de baños con cenizas para el control de parásitos externos.
Otros parásitos Internos.
De los parásitos internos, además de la Coccidiosis, algunos de los más frecuentes encontrados en las aves de corral son los nematodos de diferentes géneros como Ascaridia, Strongiloides, Heterakis, Relletina, etc. En algunos de ellos las formas adultas pueden medir entre 4-8 cm con lo cual se pueden ver a simple vista. Las aves muy infectadas pueden mostrar decaimiento, emaciación (adelgazamiento) y diarrea. El daño primario reside en la reducción de la eficiencia alimenticia, pero también se han observado muertes en los casos más severos; aunque los pollos mayores de 3 a 4 meses de edad pueden desarrollar resistencia a estos parásitos. La higiene de las instalaciones y el buen estado de bienestar y salud de las gallinas es básico para el control de estos parásitos, pero la gran mayoría de los avicultores ecológicos emplean diferentes preparados a base de ajo para controlarlos.
Síntomas Respiratorios.
Los síntomas respiratorios en las aves pueden ser provocados por un grupo importante de agentes patógenos, como la Bronquitis Infecciosa (Coronavirus), la Coriza Infecciosa (bacteria Haemophilus gallinarum), la Enfermedad Respiratoria Crónica o Aerosaculitis (Micoplasma gallisepticum), el Newcastle (Paramyxovirus) y la Influenza Aviar (virus de la familia Orthomyxovridae)(ver Calnek, 1995).
Todas estas enfermedades presentan síntomas respiratorios que pueden confundirse, como por ejemplo: jadeos, estertores debidos a la mucosidad en la tráquea, secreciones nasales, ojos llorosos o hinchados, pudiéndose observar algunos síntomas diferenciales en algunas de ellas. En la Coriza Infecciosa el exudado se vuelve caseoso (como queso) y se acumula en los ojos; en la Enfermedad Respiratoria Crónica con frecuencia se encuentra un material blancuzco y espumoso en la tráquea y sacos aéreos; en Newcastle los síntomas respiratorios son seguidos de los síntomas nerviosos característicos de esta enfermedad, en que las aves colocan su cabeza entre las patas o hacia atrás entre los hombros, moviendo la cabeza y cuello en círculos y caminando hacia atrás; en la Influenza Aviar los síntomas respiratorios pueden o no ser un factor significativo de la enfermedad, debido a la gravedad de la lesión en la tráquea y a la acumulación de mucosidad, caracterizándose ésta por una marcada depresión, plumas erizadas, inapetencia, sed excesiva, caída en la producción de huevo y diarrea acuosa.
La Bronquitis Infecciosa y el Newcastle se previenen con vacunas que se realizan durante el primer día de nacimiento, en el caso de la primera enfermedad, y con un plan de vacunas durante el crecimiento de las pollitas en el caso de Newcastle. En el caso de la Influenza Aviar las vacunas inactivas en aceite han demostrado ser efectivas, tanto para reducir la mortalidad como para prevenir la enfermedad. En el resto de enfermedades las medidas de higiene, el vaciado de los lotes y la eliminación de las aves enfermas es lo recomendado para eliminar las infecciones.
En el caso de la avicultura ecológica en España, estas enfermedades no son un problema frecuente y los remedios homeopáticos han resultado efectivos para su control.
Salmonella, Campilobacter y Coli.
Dentro de las tres enfermedades que pueden contraer las aves domésticas y ser transferidas al hombre (zoonosis) mediante sus productos están la Salmonella, la Echerichia coli y el Campylobacter.
Los tipos más comunes de Salmonella que causan enfermedades en los humanos son S. Enteritidis y S. Typhimurium. Especialmente S. Enteritidis PT4 es importante en Europa y su infección es asintomática en las aves, colonizando los oviductos y los ovarios, causando la contaminación de la cáscara de los huevos (Hänninen, 2004).
La Salmonella es controlada en la mayoría de los países europeos mediante programas de control (Austria, Finlandia, Francia, Dinamarca, Suecia, Irlanda y Noruega), o mediante un esquema de monitoreo basado en la toma y análisis de muestras según el procedimiento de la Directiva de Zoonosis. Estos programas en el año 2000 permitieron que países como Finlandia, Noruega y Suecia no tuvieran rebaños infestados por Salmonella y que otros como Irlanda y Dinamarca la incidencia de rebaños con este patógeno estuviera por debajo del 5%. La situación en España es diferente, dónde muy recientemente se inició la aplicación de estos programas.
En análisis realizados a huevos procedentes de explotaciones ecológicas andaluzas realizados durante un año, no se encontró presencia de Salmonella, ni Chlamydia (García Trujillo y col., 2007), lo que indica que la producción ecológica bien conducida es también una producción con un alto grado de bioseguridad.
El Campylobacter jejuni es una bacteria que produce frecuentemente gastroenteritis en los humanos, y comúnmente coloniza el intestino de las aves salvajes y las domésticas. Los informes por infección de Campylobacter en humanos han aumentado en la mayoría de los países de Europa occidental durante la segunda mitad de los años noventa (Hänninen 2004), sin que se sepa aún sus causas; aunque se apunta a un incremento de la extensificación de los sistemas de producción avícola. Estudios en Finlandia informan que el Campylobacter es más frecuente en los rebaños ecológicos que en los convencionales, encontrándose un 4% de contaminación en pollos de engorde a nivel de mataderos; aunque Hänninen (2004) informa que el 50% de los rebaños avícolas en Europa dan positivo a Campylobacter.
La contaminación por Campylobacter proviene en la mayoría de los casos de fuentes externas a la explotación. Especialmente los calzados de los granjeros, si no se toman medidas importantes de bioseguridad; el contacto de las aves con otros animales de granja; la cercanía con otras granjas, de aves también incrementa de manera importante el riesgo; así como las aves silvestres, especialmente los gorriones que viven en las granjas ya que pueden contaminar el suelo alrededor de las instalaciones. Las moscas pueden ser un vector importante de transmisión del Campylobacter, entre las diferentes fuentes animales de contaminación a los gallineros e incluso los roedores, cuyo control es reconocido como un método eficaz para limitar la contaminación con Campylobacter.
Virtala y col., (2005), afirman que la contaminación de los huevos exteriormente es menos probable, ya que la bacteria es muy sensible a la deshidratación. También se informa que la cocción de las carnes a temperaturas impropias es un factor de riesgo en la contaminación de los humanos por Campylobacter.
La Colibacilosis se presenta cuando la Echerichia coli pasa del intestino a la corriente sanguínea y parece que sea necesario que se produzca una inmunodepresión para la presentación del cuadro clínico.
La Colibacilosis es una de las principales causas de pérdidas económicas en la industria avícola mundial y pueden ocurrir tanto en las aves jóvenes como en las adultas (Zanella y col., 2000). Su importancia radica no solamente en las muertes que puede ocasionar sino también en que las cepas resistentes generadas en las aves se pueden transmitir al humano (Gross y col., 1991).
Los síntomas varían con los diferentes tipos de infección. En la forma de septicemia aguda la mortalidad puede comenzar súbitamente y progresar muy rápido. La morbilidad puede no ser aparente y morir de repente unas aves que parecían gozar de buena salud. Pero, en la mayoría de los casos las aves se muestran inquietas, con las plumas desordenadas y con indicaciones de fiebre. Pueden aparecer síntomas adicionales como: dificultad respiratoria, tos ocasional y estertores. También puede presentarse diarrea. Entre los pollos recién nacidos la mortalidad puede ser alta como resultado de infección umbilical por coliformes (Zanella y col., 2000).