Manejo del cultivo de remolacha
- Institución que la publica
- Instituto de Restauración y Medio Ambiente · España
- Documento fuente
- Agricultura Ecológica Manual y Guía Didáctica · 119-120-121 pág.
- Código de ficha
- 300932
La remolacha.
Beta vulgaris L (Quenopodiaceae).
El clima templado, soleado y húmedo contribuye a la producción de un elevado porcentaje de azúcar en la remolacha. Los suelos deben ser profundos con un pH alrededor de 7, con elevada capacidad de retención de agua, poca tendencia a formar costras y buena aireación. Los suelos arcillosos, arenosos, calizos y secos no son propicios para este cultivo.
Variedades: Tipo E: (del alemán Enstereich: rico en cosecha). Son plantas rústicas que dan un rendimiento en peso elevado, pero con riqueza media.
Tipo Z: (del alemán Zucherreich: rico en azúcar). Son plantas con menos hojas, que proporcionan una menor cosecha, pero con raíces más ricas en azúcar. Su ciclo suele ser de menor duración. Son propias de suelos fértiles.
Tipo N: (del alemán Normalreich: medianamente rica). Tiene aptitudes intermedias entre los dos tipos anteriores, es decir, más producción que las de tipo Z en peso, y más riqueza en azúcar que las de tipo E. Su rusticidad también es intermedia entre los tipos E y Z.
La semilla de la remolacha necesita un contacto completo con el suelo y además un sustrato firme para que la raíz pueda entrar con fuerza. La distancia entre líneas oscila entre 45-65 cm, se debe estrechar la interlínea hasta donde lo permita la maquinaria empleada
El agua, es el factor que más influye sobre el peso y la riqueza de la remolacha azucarera; a la vez es el más difícil de manejar, por depender de muchos otros parámetros como climatología, tipo de suelo, profundidad de raíces, etc. Los suelos arenosos tienen menor capacidad de retención de agua, por tanto los riegos tendrán que ser más ligeros y frecuentes; ocurriendo lo contrario en suelos arcillosos.
Las exigencias nutricionales de la remolacha azucarera son elevadas y la fertilización debe tener en cuenta el ciclo vegetativo largo. Este exige por un lado fuentes disponibles y asimilables rápidamente y por otro lado nutrientes de acción prolongada y persistentes.
Se recomienda aplicar 22.000 kg/ha de un estiércol bien curado y bien repartido por el campo en una capa regular. La recolección consta de las siguientes operaciones: deshojado, descoronado, arranque y carga. Todas estas operaciones pueden ser realizadas por una misma máquina (cosechadoras integrales) o bien ser realizadas por máquinas independientes (equipos descompuestos).
Plagas más importantes.
Gusano de alambre (Agriotes lineatus). Es uno de los insectos del suelo más común y que mayor daño puede causar, especialmente en la siembra. Los mayores daños son los causados por las larvas a partir del tercer año.
Mosca de la remolacha (Pegomya betae). Este díptero no suele ocasionar graves daños, pese a estar muy extendido, aunque en condiciones climáticas favorables ha obligado al agricultor a resembrar.
Gusano gris (Agrotis segetum). Suele atacar a la planta de la remolacha cuando es pequeña y cuando es grande se introduce por la raíz formando en ella profundas galerías.
Pulgones (Aphis fabae, Myzus persicae). Son los parásitos más frecuentes en el cultivo de la remolacha, causando un notable perjuicio al ser transmisores de virus.
Pulguilla de la remolacha (Chaetocnema tibialis). El ataque se manifiesta en las hojas a través de pequeños orificios en forma de perdigonada. Estos daños pueden llegar a ocasionar la muerte de la planta.
Cleonus (Cleonus mendicus). Es el insecto más dañino en el cultivo de la remolacha y en áreas de secano; si las condiciones ambientales le son favorables, puede llegar a ocasionar la pérdida casi total de la cosecha.
Lixus (Lixus junci, Lixus scabricollis). Constituye junto a los Cleonus los insectos más dañinos; tanto las larvas como los adultos producen daños en la remolacha.
Nematodos (Heterodera schachtii, Meloidogyne incognita). Los síntomas se presentan por “rodales” de plantas amarillentas, con poco vigor y gran número de raíces con pequeños nódulos blancos (quistes) que pueden permanecer durante mucho tiempo y dar lugar a malformaciones de difícil eliminación.
Enfermedades más importantes.
Oidio (Erysiphe comunis). Esta enfermedad se ve favorecida por la inversión de temperaturas calurosas y por el empleo de agua calcáreas o salinas en el riego. Los síntomas se manifiestan en las hojas exteriores, que aparecen cubiertas por una masa algodonosa blanca, de aspecto pulverulento.
Roya (Uromyces betae). Esta enfermedad suele aparecer a finales de verano. Sus síntomas son de fácil reconocimiento, pues aparecen pequeñas pústulas de 1 mm. de diámetro (soros) de color marrón o anaranjado que contienen un polvillo rojizo que mancha cuando se toca, instalándose tanto en el haz como en el envés de las hojas.
Cercospora (Cercospora beticola). El hongo causante de este enfermedad penetra en los estomas de las hojas de remolacha, desarrollándose en su interior.
Mal vinoso (Rhizoctonia violacea). Es una de las enfermedades que produce más daños. La raíz se ve envuelta por un micelio violáceo que se propaga de unas raíces a otras, por tanto se observan rodales atacados en el cultivo.
Mildiu de la remolacha (Peronospora schachtii). Este hongo ataca las hojas enrollando sus bordes, apareciendo unas eflorescencias gris-violáceas en el envés, que corresponden a la fructificación del hongo.