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Manejo de Suelo y Agua

Manejo del agua y del suelo con enfoque agroecológico

Autor/a de la tecnología
Carmen Felipe-Morales
Código de ficha
100299

Manejo del agua y del suelo con un enfoque agroecológico
El agua y el suelo son, sin lugar a dudas, los dos recursos naturales indispensables para la actividad agrícola. No obstante su importancia, estos recursos son manejados por la agricultura convencional sólo como dos insumos productivos, generalmente de bajo costo, y sin tomar en cuenta la calidad del agua de riego.

Se usan aguas contaminadas por residuos tóxicos provenientes del sobreuso de agroquímicos, así como por relaves mineros, desechos industriales o domésticos. En tal sentido, el riego con aguas de tal procedencia se convierte en un foco de contaminación no sólo de los alimentos producidos, en muchos casos consumidos en fresco, sino también del suelo lo cual destruye la población de organismos benéficos.

Por otro lado, a pesar de que el agua es un recurso escaso en la Costa ella no se valora suficientemente en su precio. Si hay algo que caracteriza en general a los agricultores es su resistencia a reconocer que el agua, si bien es un don de la naturaleza, ella tiene un valor que va más allá de lo económico y que su manejo cuidadoso es fundamental para mantener la vida. Es cierto que se están difundiendo técnicas de riego más eficientes y ahorradoras de agua, como es el riego por goteo, aspersión, sifón etc. pero la gran mayoría de agricultores aún utiliza formas de riego que no sólo desperdician el agua sino que provocan problemas de salinización y mal drenaje.

En el caso de la Sierra, la distribución de las lluvias es muy irregular, concentrándose en unos pocos meses, durante los cuales se incrementa de manera peligrosa el caudal de los ríos. Pero el resto del año predomina la sequía y aridez. En razón de la abrupta topografía que presenta la Cordillera Andina, el agua de lluvia puede convertirse en un factor de erosión o pérdida de los suelos al fluir sobre las laderas si ellas no están protegidas adecuadamente. En un país como el Perú, que cuenta con una extensión muy limitada de suelos aptos para una agricultura intensiva (menos del 4 % de la extensión territorial), no nos podemos dar el lujo de perder este recurso natural tan necesario para la producción agrícola y, por ende, la seguridad alimentaria del país.

En la Selva comúnmente se señala que allí el problema es el exceso de agua, a partir de las copiosas lluvias que caen en este territorio, sin embargo, esta situación está cambiando. Cada vez más se incrementan zonas con problemas de aridez temporal por un mal manejo del suelo y de la vegetación: tala y quema del bosque; instalación de cultivos en sentido de la pendiente; quema de rastrojos etc. Indudablemente, cuando llega la temporada de lluvias, éstas pueden desencadenar procesos erosivos de gran magnitud en las laderas desprotegidas de vegetación.

¿Qué hacer?
Ambos recursos: agua y suelos, son inseparables y su manejo debe ser sumamente cuidadoso de manera a conservarlos para el futuro, no sólo en términos de cantidad sino de calidad.

En primer lugar, es fundamental entender que el agua tiene una dinámica propia y que desencadena una serie de procesos que en su conjunto forman el maravilloso ciclo hidrológico. Por otro lado, que este ciclo se desarrolla en un ámbito determinado: la cuenca hidrográfica, permite comprender el rol integrador del agua y que una intervención humana de este recurso en las partes altas de la cuenca va a repercutir en forma positiva o negativa en la parte baja de la cuenca, dependiendo del tipo de intervención. Así por ejemplo, la deforestación o la quema de pastos en las tierras altas de la cuenca van a desencadenar procesos de escurrimiento y de erosión de los suelos que incrementarán la carga de sedimentos de los ríos, provocando el desborde o inundación de los ríos en las partes bajas.

Contrariamente, si en las partes altas de la Cuenca se practica una agricultura diversificada con prácticas agroforestales, con manejo racional del ganado, con prácticas de conservación del suelo sobre todo de carácter agronómico, se favorece la infiltración del agua de lluvia disminuyéndose los riesgos de escorrentía y erosión. De esa manera aumenta la dotación de aguas subterráneas en las partes medias y bajas.

Entonces, conceptos como ciclo hidrológico, cuenca, conservación del agua y del suelo, preservación de la calidad del agua, que en su conjunto deben integrarse en una gestión agroecológica del agua y del suelo, que además recoja las diferencias climáticas, eco-geográficas y socio-culturales de las diversas regiones de país, deberán ser tomados en cuenta en la próxima Ley de Aguas, que hace tiempo los usuarios del agua, y en particular los agricultores, esperan.