Labranza Cero Y Labranza Mínima
- Autor/a de la tecnología
- Enrique Kolmans Darwin Vásquez
- Institución que la publica
- ACTAF · Cuba
- Documento fuente
- Manual de agricultura ecológica · 52 pág.
- Código de ficha
- 301110
En la actualidad, la ciencia puede recurrir a los conocimientos de una agricultura tradicional, con labranza mínima o sin ella y también avances recientes en experiencias prácticas y de investigación demuestran la viabilidad de la mínima o ninguna labranza. Ello vuelve aún más atractiva a la agricultura ecológica que busca trabajar con un mínimo despliegue energético y un máximo aprovechamiento de las fuerzas naturales.
No se pueden fijar reglas de aplicación general para el tema de la labranza. Rusch, edafólogo alemán, señala: "Posiblemente no existen en el mundo dos suelos con un comportamiento exactamente igual, como en el caso de la constitución biológica de los gemelos, por ello en vez de molestar al agricultor con recetas sobre labranza es necesario que él vuelva a comprender que su suelo es un organismo vivo y que lo debe tratar como tal". Según este razonamiento sólo será posible encontrar un manejo del suelo apropiado, si se le entiende como un organismo vivo.
Toda labranza altera el funcionamiento del suelo, por lo que es conveniente evitar cualquier acción innecesaria que disturbe la vida del suelo.
Las condiciones tropicales y subtropicales permiten --cuando los suelos no son demasiado pesados y al existir la suficiente humedad-- una alta capacidad de reciclaje de la materia orgánica. Una labranza regular en suelos tropicales no siempre es conveniente porque ocasiona una oxidación acelerada de la materia orgánica y la lixiviación de los nutrientes en zonas lluviosas. En estas latitudes, las altas precipitaciones aceleran la pérdida del suelo cuando éstos quedan expuestos, sin cobertura, después de la labranza. Un aspecto cuestionable de la agricultura tradicional, en algunos sistemas de producción, es que frecuentemente se recurre a la ayuda del fuego destruyendo al edafón y la materia orgánica a simples cenizas. Estas condiciones, junto con la posibilidad de aprovechar la acción del sol para provocar una rápida interrupción del crecimiento de las malezas cortadas sobre el suelo y su conversión en una cobertura de materia orgánica (mulch), hacen que la agricultura con poca labranza o sin ella, sea una práctica común en muchas partes del trópico.
En los Estados Unidos de América, sobre la base de estos conocimientos, se han desarrollado sistemas mecanizados que han hecho posible una agricultura de labranza cero en latitudes templadas. Pero, estos sistemas emplean grandes cantidades de herbicidas, porque se basan en monocultivos y fertilización química con la consecuente facilidad para el desarrollo de las malezas. Esta es la condición para evitar el uso del arado, pero con ello se provoca efectos altamente nocivos en la actividad biológica del suelo y la materia orgánica se convierte únicamente en un mejorador físico del suelo.
Por lo general, en suelos con propiedades, físicas, químicas y biológicas adecuadas es recomendable una agricultura ecológica con una reducida labranza. Por el contrario, es menos recomendable en suelos muy agotados y aquellos que se endurecen mucho durante la época de sequía.