FUNDESYRAM
Tecnologías Apropiadas

laboreo del suelo

Autor/a de la tecnología
Antonio Guiberteau Cabarnilla, Juana Labrador Moreno
Institución que la publica
Ministerio De Agricultura Pesca Y Alimentación · Argentina
Código de ficha
500384


Las técnicas ecológicas en cuanto al laboreo del suelo no se basan en la consideración de éste como un simple substrato inerte, sino como un medio vivo y complejo. Por ello, las prácticas culturales evitan al máximo perturbar esta actividad.
Se tiende hacia el laboreo superficial y sin volteo de la capa arable, para no invertir su orden, aun cuando en determinadas circunstancias sea una práctica correcta. En tierras compactas es recomendable emplear el subsolador, con la única precaución de no utilizarlo con suelos demasiado húmedos. El chisel y los cultivadores de brazos semirrígidos consiguen el mismo efecto de mullimiento que la vertedera, pero sin invertir las capas del suelo.

En general, los suelos mantienen mejor estructura por su mayor contenido en humus, lo que supone que se apelmazan mucho menos y que las labores de mediana y gran profundidad son menos necesarias, con lo que se evita la compactación que produce la maquinaria muy pesada.

La materia orgánica debe sufrir una pre humificación en la superficie del suelo, a menos que esté suficientemente madura y descompuesta. En cualquier caso la incorporación se hace siempre somera y nunca a gran profundidad.

Cuanto mayor es la velocidad de avance del tractor, más fácilmente se disgrega la banda de tierra cortada, dejando una superficie lisa, interesante cuando se quiere sembrar inmediatamente.

Por el contrario, en las labores de otoño e invierno, cuando el suelo va a permanecer descubierto durante mucho tiempo, es preferible realizar las labores a menor velocidad, a fin de que queden terrones de mayor tamaño en la superficie. En cualquier caso, estas labores de invierno no son deseables, ya que dejan el suelo desnudo durante el período de heladas y lluvias, y deben evitarse en aquellos suelos con estructura inestable.

El método clásico de laboreo del suelo comienza con uno 0 varios páses de grada para desarraigar y trocear los restos del cultivo anterior. Seguidamente, a veces demasiado pronto, se da la labor de arado, con vertedera generalmente, y se completa con uno o varios pases de grada o cultivador para dejar el terreno liso y en buena disposición de recibir la semilla. Por el contrario, en agricultura ecológica el orden es en cierta forma el inverso, se comienza con labores ligeras en superficie y se termina con la labor en profundidad (casi siempre sin volteo), a la que sólo seguirá un pase de labor en superficie previo a la siembra. De esta forma se evita el apelmazamiento posterior a la labor en profundidad.

La secuencia de labores es la siguiente:

a) Se empieza, siempre que sea posible, picando con desbrozadora la vegetación, abonos verdes o restos de cosecha existentes.
Debe hacerse con la antelación suficiente a las labores propiamente dichas para que los restos pierdan humedad, pero no con excesiva antelación para que el suelo no quede desnudo demasiado tiempo.

b) Se inician las labores propiamente dichas con pases de 5 cros de profundidad de aperos ligeros, tipo gradas de discos o cultivadores de brazos múltiples (gradas canadienses), para desarraigar la vegetación y mezclarla, sin enterrarla por completo, con la capa superficial del suelo, e iniciar así su humificación y desarrollar la actividad microbiana. Pueden utilizarse también los aperos rotativos; los de eje horizontal (fresadoras) tienen el inconveniente de que desmenuzan en exceso el suelo si la velocidad de giro es demasiado rápida y crean suela de labor, aunque este inconveniente lo subsanan las labores posteriores más profundas.

Los de eje vertical son más interesantes al ser más polivalentes.
Tanto los unos como los otros sólo son recomendables en suelos con estructura estable y exigen cierta potencia de tractor.
c) 2 ó 3 semanas más tarde se realiza un trabajo más completo y profundo, 10-15 cm, con el fin de continuar con la humificación de la materia orgánica y activar el suelo a más profundidad.
Debe utilizarse un apero de dientes.
d) Nuevamente, 2 ó 3 semanas después se da la labor en profundidad, a 20-25 cm, y excepcionalmente a más profundidad. Es la labor de arado propiamente dicha, que persigue el desarraigo en profundidad de las hierbas, así como el mullimiento de toda la capa arable. Se utilizan aperos tipo Chisel o bien cultivadores pesados de brazos semirrígidos. Para labores aún más profundas se utiliza el subsolador, a 75 cm de distancia entre pies y 35-50 cm de profundidad.
e) Por último, según el suelo y la estación del año, se dará un pase superficial de grada o de vibrocultivador (gradas canadienses), con o sin rodillos desterronadores traseros. Esta labor pretende dejar un adecuado lecho de siembra, aunque en los caso más favorables podría sembrarse directamente detrás de la labor de arado. La tierra debe quedar suficientemente disgregada para asegurar un íntimo contacto con la semilla, pero no en exceso, ya que deben estar presentes suficientes agregados (terrones pequeños) para evitar la desaparición de la estructura superficial y la aparición de la costra, que tantos problemas plantea.

De entre todos los aperos citados cabe destacar la buena labor que realizan los vibrocultivadores o gradas canadienses, que con-siguen una inmejorable labor de mullimiento supcrficial, ideal como lecho de siembra.
Como se ha dicho, dentro de lo posible el suelo ha de estar siempre cubierto por algún cultivo, abono verde, acolchado con restos de cosechas, paja, etc., de manera que esté protegido en superficie de los rigores atmosféricos y se favorezca la actividad biológica y la estabilidad estructural. Incluso es preferible, en determinadas circunstancias, una cubierta de malas hierbas antes que un suelo desnudo, siempre y cuando se tenga la precaución de no dejarlas producir semilla.
Todas estas recomendaciones están referidas a parcelas de regadío, en las que la transpiración de las hierbas puede ser compensada por el riego. En las parcelas de secano la estrategia es diferente, pues lo que se pretende es el máximo ahorro y almacenamiento dc agua. Las labores en estos casos dependen de
las condiciones climáticas de cada lugar y, en particular, de la precipitación anual y su distribución. Normalmente se invertirá el orden de labores señalado, comenzándose por las más profundas para aumentar el volumen de agua almacenable, continuándose con las labores superficiales hasta la siembra. En climas de baja precipitación (300-400 mm), donde se practica el barbecho blanco y el cultivo de año y vez, habría que cuestionarse la continuidad del mismo a largo plazo, habida cuenta de las altas tasas de destrucción anual de humus que el barbecho ocasiona y las altas cifras de erosión. Una alternativa para estos suelos podría ser las praderas naturales mejoradas con especies y variedades autóctonas.