FUNDESYRAM
Manejo de Cultivos

La revolución biotecnológica

Autor/a de la tecnología
Evadir José Albarello, Ingeniero Agrónomo: Marciano Toledo da Silva, Frei Sérgio Görgen. Traduzido por: Silvia Beatriz
Institución que la publica
viacampesina · Porto Alegre, Brasil
Código de ficha
300715

Después de la diseminación de la revolución verde, las empresas decidieron aumentar aún más el control sobre la producción agrícola. Llegan “modernizando” con tecnología de punta y semillas transgénicas.

Con estas tecnologías prometen aumentar la producción agrícola, acabar con el hambre y facilitar la vida y el trabajo de los agricultores. Sin embargo, aumentan la dependencia de los campesinos y de las campesinas con respecto a las industrias.

Las empresas venden sus productos “casados”, o sea, una semilla enferma y dependiente de un paquete de productos químicos (venenos y fertilizantes) suministrado por la misma empresa. El campesino se empobrece y es explotado, mientras las empresas aumentan sus lucros, el dominio de la cadena productiva y su poder.

La apropiación privada de la producción, reproducción y distribución de nuevas variedades y de semillas modificadas genéticamente por las empresas privadas multinacionales, así como el control de la oferta de insumos que esas semillas requieren, están sometiendo a los pueblos de todo el mundo a una tiranía. Ese mecanismo es de fácil comprensión: las multinacionales controlan la producción y el comercio de semillas modificadas, que eliminan las resistencias naturales, crean dependencia con respecto a los agrotóxicos, establecen la uniformidad genética y el debilitamiento de las especies, lo que lleva al ataque de plagas y enfermedades. Con la llegada de las semillas transgénicas, las empresas pueden patentar esas variedades y obligar a los campesinos y a las campesinas a pagar por la tecnología.

El largo período de la revolución verde y de la revolución biotecnológica, en las regiones en las que ellas se consolidaron en sus varias fases, provocó dos consecuencias directas sobre la manera de hacer agricultura de los campesinos, que consiguieron resistir en la tierra, rodeados por la avalancha de este modelo tecnológico controlado por las multinacionales. Son ellas:

1ª – Abandono de la Producción de Subsistencia
Donde se implanto, la revolución verde destruyó la estructura productiva que era base para la autosustentación de los pequeños agricultores e impuso una estructura productiva dirigida al monocultivo, que es la producción de un solo producto para el mercado.

Ocurre aquí un gran cambio en la cultura productiva campesina y en los hábitos de alimentación de la población. La estrategia que era de almacenamiento de producción pasa a ser de mercantilización, es decir, produce y vende, y compra lo que precisa comer.

La mayoría de los pequeños agricultores abandonó la producción de subsistencia, creyendo que con el dinero que ganaría con la producción de monocultivos (soja, maíz, tabaco, algodón, café, frutas, aves, puercos, eucaliptos, etc.) compraría todo lo que precisaba dentro de la casa, inclusive comida. Cambió, con esto, los hábitos de alimentación, dejando de lado los productos naturales y consumiendo alimentos industrializados.

Con el tiempo, el dinero ya no sobraba ni para pagar el costo de la producción del propio monocultivo. El pequeño agricultor pasó a trabajar para las agroindustrias. Así, las estructuras para producir de todo para la subsistencia familiar, inclusive para comer, fueron dejadas de lado, están destruidas y precisan ser reconstruidas.

2ª – Cambio Cultural
La revolución verde, con sus diversos instrumentos ideológicos, cambió la cabeza de los pequeños agricultores. Los gobiernos y la burguesía, a través de la radio, la televisión y los diarios, de las empresas de asistencia técnica, de las escuelas, de los políticos capitalistas, pusieron en la cabeza del pueblo una falsa idea de modernidad, que consistía en abandonar la producción de subsistencia y sólo producir para el mercado, dependiendo exclusivamente de las grandes empresas.

Y la propaganda fue tan grande que el pueblo embarcó en ese “bote agujereado”. Nadie quería ser considerado atrasado y pasar vergüenza durante las palestras de los agrónomos que daban asistencia técnica. Las empresas comenzaron a expandirse en diversos países y a organizarse en grandes monopolios. Y empezaron a usar un discurso innovador basado en la modernidad, en la novedad tecnológica, en el aumento de la producción y en la calificación de trabajadores y trabajadoras.

Ideológicamente, ese proceso vino acompañado por una fuerte promoción de la agricultura familiar y del emprendedor rural. Quien no se encuadraba en este nuevo modelo fue abandonado y dejado de lado por las políticas públicas.

Hoy, los campesinos, en su mayoría, son dependientes en casi todos los aspectos de su producción. Se compra todo en el mercado: semillas, fertilizantes, combustible, equipamientos, máquinas y venenos. Las agroindustrias, brazo de los monopolios, imponen qué y cómo los campesinos van a producir. Imponen los precios que se pagan por los insumos y dictan el precio que vamos a recibir por la producción.

Los campesinos están prestando un servicio para las grandes empresas, y no reciben ningún beneficio por ello. En realidad, los campesinos fueron robados en sus conocimientos. Les sacaron la sabiduría sobre la producción agrícola, que durante millares de años fue pasada de unos para otros, de generación en generación, por medio de la práctica y de la enseñanza a los hijos.

Se torna necesario recuperar estos conocimientos y prácticas, y pasarlos para las nuevas generaciones.