FUNDESYRAM
Manejo de Cultivos

Estrategias de adaptación utilizadas por pequeños agricultores para aumentar la resiliencia de sus sis¬temas a la variabilidad climática

Autor/a de la tecnología
José Mª Egea Botánica Facultad de Biología Universidad de Murcia Campus de Espinardo 30100. Murcia; Julio C. Tello Producción Vegetal Escuela Técnica Superior Universidad de Almería La Cañada de San Urbano 04120. Almería; Miguel Ángel Altieri Dpto. de Control Biológico Universidad de Berkeley California.
Institución que la publica
Universidad de Murcia · España
Documento fuente
Agroecología, volumen 3, Año 2008. · 10-11-12-13 pág.
Código de ficha
300597

Descripción de la Tecnología:

Objetivo: poner en práctica los estudios ecológicos que hablan sobre las diversas de plantas que son más resistentes al disturbio y más resilientes a las perturbaciones ambientales.

Resiliencia: La resiliencia es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.

Descripción General:
Resolver el problema de rendimientos variables es cru­cial para la supervivencia de los agricultores que viven en ambientes marginales donde las condiciones agro-climá­ticas son un desafío. El manejo del riesgo es una preocupa­ción importante de las familias rurales en tales ambientes y el único mecanismo seguro disponible para estos agri­cultores se deriva del uso de autogestión inventiva, cono­cimiento experimental, y uso de recursos locales disponibles.
En muchas áreas del mundo los campesinos han de­sarrollado a menudo sistemas agrícolas adaptados a las condiciones locales permitiendo a los agricultores ge­nerar la producción continua necesaria para subsistir, a pesar de dotaciones marginales de tierra, variabilidad climática y el bajo uso de insumos externos (Wilken 1987, Denevan 1995). Parte de este desempeño está re­lacionado con los altos niveles de agrobiodiversidad ex­hibidos por los agroecosistemas tradicionales, los cuales influencian positivamente la función del agroecosiste­ma (Vandermeer 2002). La diversificación es por lo tanto una estrategia importante para el manejo del riesgo de la producción en sistemas agrícolas pequeños.

En agroecosistemas tradicionales el predominio de sistemas complejos y diversificados es de gran impor­tancia para la estabilidad de los campesinos, permi­tiendo que los cultivos alcancen niveles aceptables de productividad aun en condiciones de stress ambiental. En general, los agroecosistemas tradicionales son me­nos vulnerables a la pérdida catastrófica porque en ellos crece una variedad amplia de cultivos y variedades en varios arreglos espaciales y temporales, exhibiendo compensación en caso de pérdida.
1) Sistemas de cultivos múltiples o policultivos
Los policultivos exhiben una mayor estabilidad y me­nos declinaciones de la productividad durante una se­quía que en el caso de monocultivos. Natarajan y Willey (1986) examinaron el efecto de la sequía en produccio­nes con policultivos mediante tratamientos del stress hídrico con cultivos intercalados de sorgo (Sorghum bi­color), maní (Arachis spp.) y mijo (Panicum spp.). Todos los policultivos mostraron sobreproducción constante en cinco niveles de disponibilidad de humedad, en un rango desde 297 a 584 milímetros de agua aplicados en la época de siembra.
Sorprendentemente, la tasa de sobreproducción se vio actualmente incrementada con stress hídrico, tal que las diferencias relativas en productividad entre los monocultivos y policultivos se acentuaron más a medi­da que el stress incrementaba. Los policultivos exhibie­ron una mayor estabilidad y menos declinaciones de la productividad durante la sequía. Estos tipos de estudios ecológicos sugieren que comunidades más diversas de plantas son más resistentes al disturbio y más resilientes a las perturbaciones ambientales (Vandermeer 1981).
2) Uso de la diversidad genética local
Además de adoptar una estrategia de diversidad inte­respecífica, muchos agricultores pobres también explo­tan la diversidad intraespecífica mediante la siembra al mismo tiempo y en el mismo campo, de diversas varie­dades del mismo cultivo. En un examen mundial de la diversidad varietal de los cultivos en fincas que involu­craban 27 cultivos, Jarvis et al. (2007) encontraron que aun se mantiene en finca una gran diversidad genética de cultivos en la forma de variedades tradicionales-crio­llas, especialmente de cultivos alimenticios importantes. En la mayoría de los casos, los agricultores mantienen la diversidad como seguro para enfrentar el cambio am­biental o futuras necesidades sociales y económicas. Muchos investigadores han concluido que la riqueza de variedades incrementa la productividad y reduce variabilidad de la producción, pero como DiFalco et al. (2007) encontraron en su estudio de la diversidad gené­tica del trigo en las montañas de Etiopía, la riqueza debe alcanzar cierto umbral, pues al parecer la reducción de variabilidad en producción ocurre solamente con altos niveles de diversidad genética. Estos investigadores también encontraron que el efecto de la diversidad en la variación de producción varió con la degradación del suelo. El incremento en la degradación del suelo tiende a anular los efectos de la diversidad sobre la reducción en los riesgos de producción.
El tipo de diversidad que prevalece en diferentes áreas depende de condiciones climáticas y socioeconó­micas y de la respuesta de los agricultores a estos fac­tores. Por ejemplo, en las áreas secas del oeste de Asia y África del norte, la cebada es el único cultivo factible, es­pecialmente las variedades sembradas por siglos y que son genéticamente heterogéneas. En ambientes simila­res con precipitación escasa en India, variedades local­mente adaptadas del guandul (Cajanus cajan) combi­nan de manera única los perfiles nutricionales óptimos, alta tolerancia a stress ambiental, alta productividad de biomasa, nutrientes y aporte de humedad al suelo. Estas variedades que muestran alta variabilidad genética tie­nen un enorme potencial de siembra sin aprovechar en muchos ambientes marginales de África y otras partes amenazadas por el cambio climático. Generalmente en áreas con poca humedad, los agricultores prefieren cul­tivos tolerantes a la sequía (como Cajanus, papa dulce, yuca, mijo, y sorgo), y las técnicas de manejo enfatizan la cobertura del suelo (mulching) para reducir la evapora­ción y pérdida de humedad del suelo.
Hay variedades que tienen rasgos morfológicos y fisiológicos específicos que las hacen resistentes a los ambientes secos. Entre las variables medidas que de­mostraron condicionar una tendencia general de mayor resistencia a la sequía en variedades de sorgo, solamen­te el ajuste osmótico bajo stress estuvo correlacionado con la precipitación media en cada raza de origen, indi­cando un mayor ajuste osmótico en variedades criollas de regiones más secas. Aquellas variedades con una ma­yor capacidad para el ajuste osmótico fueron caracteri­zadas por ser plantas más pequeñas con altas tasas de
transpiración y bajas tasas de senescencia en hojas bajo stress. En el caso de variedades de mijo, la adaptación comúnmente observada del mijo a los ambientes secos se atribuyó más a la tolerancia a la sequía y/o al calor.
La existencia de la diversidad genética tiene espe­cial significado para el mantenimiento e impulso de la productividad de sistemas de fincas pequeñas, ya que la diversidad también proporciona seguridad a los agri­cultores contra enfermedades, especialmente patóge­nos que pueden ser incrementados por el cambio cli­mático. A través de la mezcla de variedades de cultivos los agricultores pueden retrasar el inicio de enfermeda­des reduciendo la dispersión de esporas, y modificando condiciones ambientales que son menos favorables a la dispersión de ciertos patógenos. Este aspecto fue bien demostrado por investigadores que trabajaban con agricultores en diez municipios en Yumman, China, cu­briendo un área de 5350 hectáreas. La idea era alentar a los agricultores a cambiar de monocultivos de arroz a mezclas de variedades de arroz local con híbridos. La diversidad genética aumentada redujo la incidencia de la enfermedad principal al 94% e incrementó la produc­ción total en un 89%. Antes de dos años de usar las mez­clas se concluyó que los fungicidas no se requerían mas (Zhu et al. 2000, Wolfe 2000).
3)Promoción y colecta de plantas silvestres
En muchos países en desarrollo, el sector campesino todavía obtiene una porción significativa de su subsis­tencia a través de las plantas silvestres alrededor de los cultivos (Altieri et al. 1987). En muchas sociedades afri­canas agropastoriles, la colección de hojas comestibles, bayas, raíces, tubérculos, frutas, etc. en los matorrales alrededor de las aldeas proporciona una estrategia im­portante de diversificación del alimento básico. Duran­te sequías u otras épocas de stress ambiental muchas plantas silvestres son recolectadas y consumidas, y los estudios en el noreste de Tanzania sobre el uso de "mi­chicha" (vegetales silvestres frondosos verdes) demues­tran que estas plantas proporcionan cantidades signi­ficativas de caroteno, calcio, hierro y proteína a la dieta campesina (Fleuret 1979). La adopción también es prac­ticada en México por los indios Puerpecha que utilizan más de 224 especies de plantas vasculares nativas y cul­tivadas para propósitos dietéticos, medicinales, domés­ticos, y combustible. De manera similar en el Huasteca mexicana, los indígenas usan cerca de 125 especies de plantas y en Uxpanapa los agricultores locales utilizan cerca de 445 especies de plantas y animales silvestres, de los cuales 229 son para alimento (Toledo et al. 1985). En muchas regiones, los agricultores dejan voluntaria­mente algunas especies de malezas en los campos re­lajando así su control. Los indígenas Tarahumara en la Sierra mexicana dependen para alimentarse de las plán­tulas de malezas (quelites) desde Abril hasta Julio, un período crítico antes del maíz, habas, chiles y cucurbi­táceas maduran en los campos plantados desde Agosto hasta Octubre, practicando así sistemas de doble cultivo del maíz y de malezas que permite obtener dos cose­chas. Los "quelites" también sirven como el único sumi­nistro de alimento alternativo cuando las cosechas son destruidas por el granizo o la sequía (Bye 1981).
4) Sistemas de Agroforestería y mulching
Muchos agricultores siembran sus cultivos en arre­glos agroforestales utilizando la cobertura de los árbo­les para proteger los cultivos contra fluctuaciones extre­mas en microclima y humedad del suelo. Los agriculto­res ejercen influencia sobre el microclima conservando y plantando árboles, los cuales reducen la temperatura, velocidad del viento, evaporación, y exposición directa a la luz del sol e interceptan granizo y lluvia. Lin (2007) encontró que en agroecosistemas de café en Chiapas, México, la temperatura, humedad y las fluctuaciones de la radiación solar incrementaron significativamente a medida que el sombrío decrecía, así ella concluyó que la sombra estuvo relacionada directamente con la miti­gación de la variabilidad en microclima y humedad del suelo para el cultivo del café. Lejos del ambiente húme­do y caliente de las zonas bajas tropicales y en ambien­tes más secos tales como Brasil nororiental, cultivos de palma babassu (Orbignya phalerata) en áreas de pasto­reo proporciona sombra para el ganado, mientras que en lugares de orientación agrícola, sirve como sombra para arroz, maíz, yuca e incluso bananos y plátanos, me­jorando el microclima y reduciendo pérdida de agua del suelo. En algunos sistemas, los agricultores plantan cas­hew para proporcionar abrigo a otros cultivos produc­tivos tales como sorgo, cacahuetes y ajonjolí (Johnson y Nair 1985). Claramente, la presencia de árboles en di­seños de agroforestería constituye una estrategia clave para la mitigación de la variabilidad del microclima en sistemas de agricultura minifundistas.

Muchos agricultores pequeños aplican mulch sobre el suelo, siembran plantas de cobertura o paja para re­ducir niveles de radiación y calor en superficies recién sembradas, para inhibir pérdidas de humedad, y para absorber la energía cinética de la lluvia y del granizo que cae. Cuando se espera helada nocturna, algunos agricultores queman paja u otros materiales de dese­cho para generar calor y producir humo, el cual atrapa la radiación. Los camellones elevados que se encuentran a menudo en sistemas tradicionales sirven para contro­lar la temperatura del suelo y reducir la inundación me­jorando el drenaje (Wilken 1987, Stigter 1984).
5) Manejo e incremento de la materia orgánica del suelo
Los suelos absorben 75% del carbono terrestre y tie­nen un mayor potencial para secuestrar carbono que los arboles. Pero en adición al secuestro de carbono, y de afectar las propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos, la materia orgánica incrementa notoria­mente la capacidad de absorción de humedad de los suelos vía varios mecanismos:
a. Los residuos orgánicos que cubren el suelo pro­tegen al suelo del impacto de las gotas de lluvia evitando el agrietamiento, incrementando la infil­tración del agua de lluvias y reduciendo la esco­rrentía. El aumento del contenido de materia or­gánica contribuye indirectamente a la porosidad del suelo al condicionar una mayor actividad de la fauna edáfica. Una mayor infiltración combinada con un alto contenido de materia orgánica incre­menta la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo.
b. La adición de material orgánica también incre­menta la cantidad de micro y macro-poros ya sea "pegando" partículas del suelo formando agre­gados o creando condiciones favorables para or­ganismos edáficos como lombrices de tierra que modifican positivamente la estructura del suelo. La materia orgánica puede almacenar agua hasta 20 veces su peso (Wilken 1985, Denevan 1995).

A través del mundo los pequeños agricultores usan prácticas como la rotación de cultivos, abonos verdes, cultivos de cobertura, aplicación de compost etc. que incrementan la producción de biomasa contribuyendo a un aumento de materia orgánica en el suelo. Todas las prácticas de manejo de suelos que conllevan al mante­nimiento y/o aumento los niveles de materia orgánica son esenciales para una producción sostenida de culti­vos en zonas frecuentemente afectadas por sequía.