FUNDESYRAM
Manejo de Cultivos

El suelo. Un filtro biológico de plagas y enfermedades

Institución que la publica
Junta Andalucía, CEAE · España
Código de ficha
300992

Descripción de la tecnología:

Una de las funciones más importantes del suelo, la de “filtro biológico”, suele ser poco estudiada y considerada en general. Hemos visto anteriormente, que un suelo estructu­rado mediante la materia orgánica y la acción de los microorganismos, es un suelo que recupera su actividad y funcionalidad biológica. ya que permitirá que circule en el, tanto el aire como el agua y en torno a estos dos componentes “surgirá la vida”.
El suelo como “ente vivo” (Tello, 1998) realiza muchas funciones, además de la de ser soporte de las plantas y fuente de alimento, una de estas funciones esencial para el fun­cionamiento del conjunto del agro-sistema es la de ser un autentico filtro biológico para gran cantidad de insectos fitofagos, asi como para hongos, bacterias y virus patógenos que ven mermadas sus poblaciones por la actividad del propio suelo. En muchas ocasiones esta funcionalidad de filtro se pierde por el laboreo profundo como por la utilización de desinfectantes e insecticidas de suelo que bajan la actividad biológica de este a niveles no funcionales.

▪ Insectos
En el caso de los insectos se ha documentado en numerosas ocasiones que aquellos insectos que necesitan realizar algún estadio de su desarrollo en el suelo (normalmente pupa o huevo) ven mermadas sus poblaciones de forma considerable en aquellos suelos que mantienen una alta actividad biológica. Por el contrario sus poblaciones no quedan sensiblemente disminuidas si los suelos están desestructurados, compactados y mantie­nen unos niveles de actividad biológica bajos.
En efecto, cuando un insecto necesita empupar en el suelo, como por ejemplo la mos­ca del mediterráneo Ceratitis capitata o los trips, suelen sufrir en el por una parte la acción depredadora de numerosos insectos de suelo que depredan o trasladan las pupas o los huevos y por otra la acción de numerosos microorganismos como hongos o bacterias que contaminan las pupas o los huevos inhabilitando su posibilidad de evolución a insectos adulto.
Esta acción de filtro puede alcanzar niveles de hasta el 70% de las poblaciones iniciales en aquellos campos que albergan niveles de biodiversidad importante de insectos depre­dadores o microorganismos parasitadores.
En el caso de la mosca del mediterráneo se ha documentado por estudios realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) la gran actividad depredadores de las pupas de mosca por la araña Pardosa cribata, el coleóptero Psedophonus rufines y la “ti­jereta” Forticula auricularia. Otras investigaciones han demostrado la acción sobre las pupas del hongo Stigmatomyces aciurae.

En este mismo sentido un estudio de Blouin et al. de 2005 demostraba que las plantas de tomate poblaciones atacadas por nematodos se veían disminuidas hasta en un 82% cuando en los suelos estaban presentes una gran actividad de las lombrices de tierra
En otros estudios Carballo (1982) relaciona la incidencia de Cyrtomenus bergi, un insecto hemiptero que ataca a las raíces del maíz con la perdida de diversidad que provoca en los suelos la utilización del arado. Siendo en los suelos con no laboreo donde aparecen los menores niveles de plagas.

Las cubierta vegetal tradicional de los citricos con Oxalis pes-caprae ha sido documentada como importante reservorio de fitoseidos como Euseius estipulatus, Ambliseius barkeri..; acción de repelencia de Aphis gossipy y escarabajos, disminuir los riesgos de heladas por irradia­ción, atrayente de Coccinella septempuntata... entre otras.

▪ Hongos
Hongos Respecto a la capacidad de los suelos vivos de actuar como filtro de microorganis­mos patógenos tenemos bastantes evidencias. Ya en 1960 Papavizas y Davey observan que abonos verdes de trigo, maíz, avena, guisante y pastos de Sudán frenaban de modo considerable el desarrollo de Rhizoctonia solani en judías. Kirkegaard en 1993 demuestra que las sustancias volátiles de las brasicas inhiben el crecimiento del hongo del trigo Gaeuman­nomyces graminis, demostrando que el efecto biofumigante se debe a los isotiocianatos.
Lazarovits, Conn y Kritzman (1997) encuentran que los residuos orgánicos con alto con­tenido de nitrógeno reducen las poblaciones de Verticillium dahliae, la bacteria Streptomyces scabies, nematodos y malas hierbas en papa.
En este mismo sentido, la presencia den el suelo de los hongos formadores de MA pueden contribuir a aliviar los daños producidos por hongos patógenos tales como Fusarium, Pythium, Phytophthora, Rhizoctonia y Verticillium o por nematodos agalladores (Meloidogyne spp.) o lesio­nadores (Pratylenchus sp.) (Jaizme Vega et al., 2006). Esta acción se ejerce por medio de diferentes mecanismos mediante los cuales la presencia de la simbiosis contribuye al control biológico de estos patógenos.
Igualmente numerosos estudios han relacionado la importancia del papel del suelo en el control de enfermedades como la Phytophthora. En este caso el cultivo de sorgo o arvejas antes de las plantaciones de algodón servían para proporcionar un buen control de Phyto­phthora. Igualmente la eficacia de las cubiertas vegetales de leguminosa para el control de la enfermedad ha sido ampliamente demostrado.
Un caso de utilización del incremento de la diversidad local para el control de enfermeda­des la constituye la utilización muy generalizada de Oxalis pes-caprae como cubierta vegetal en los campos de cítricos del litoral mediterráneo peninsular. Aunque su finalidad princi­pal es evitar el “aguado” de los cítricos (Phytophthora), al evitar que las salpicaduras de la lluvia sobre el suelo, sirvan de contaminación de esporas y propágulos del hongo sobre los frutos situados en las partes bajas del árbol, posteriores estudios han demostrado que otras muchas funciones eran ejercidas por la cubierta vegetal de oxalis, entre ellas: prote­ger las raíces superficiales de los cítricos, con las que no compiten; favorecer la instalación y el mantenimiento de micorrizas, evitar la erosión y facilitar la formación de agregados, una cierta acción acidificante, muy positiva para los suelos calcáreos mediterráneos.
Igualmente el abono verde de brasica se ha considerado supresor de organismos pro­ductores de plagas y enfermedades cuando se incorpora al suelo (Chan y Close 1987; Mojtahedi et al. 1991). Este efecto se atribuye por lo general a compuestos biocidas como los glucosinolatos, que por hidrólisis dan lugar a sustancias como isotiocianatos, que se han considerado como los productos más tóxicos (Brown y Morra 1997; Rose, Heaney y Fenwick 1994).

▪ Bacterias
Numerosos estudios relacionan la reducción de bacterias tras la utilización de estiérco­les de vaca y algunos compost, indicando que la reducción va a depender de la especifici­dad del suelo y de la dosis. Se han encontrado resultados similares en tomates y frutales, considerando que la materia orgánica es un buen tratamiento para recuperar suelos fati­gados al mismo tiempo que se incrementan los organismos del suelo. Michel et al. (1997) encuentran efecto supresivo en el abono verde de soja y residuos de cebolla adicionándole 200 kg ha-1 de nitrógeno ureico y 500 kg ha-1 de CaO reduciendo las poblaciones de bac­terias de R. solanacearum en tomate, como consecuencia del efecto supresor que se produce durante la trasformación de la urea en presencia de CaO.