FUNDESYRAM
Manejo Pecuario

El Picaje, principal problema del comportamiento de crianza avícola

Autor/a de la tecnología
Roberto García Trujillo, Juan Berrocal, Laura Moreno, Gisela Ferrón
Institución que la publica
Secretaría General Técnica
Documento fuente
PRODUCCIÓN ECOLÓGICA DE GALLINAS PONEDORAS · 93-94-95-96 pág.
Código de ficha
400293

El picaje se considera uno de los principales problemas de comportamiento en los sistemas de crianza avícola modernos (Bestman, 2000). El picaje puede ser de dos tipos: moderado o severo. El primero no produce lesiones y se suele observar en la mayoría de las aves criadas en grupo. Sin embargo, el segundo puede provocar lesiones y pérdidas graves. Según Keeling (1994), este comportamiento agresivo se manifiesta en un porcentaje reducido (aproximadamente 9% de las aves del grupo). Por lo general aparece en las aves más activas, que cuando se crían en grupos van de una víctima a otra, tratando de arrancar sus plumas que en algunas ocasiones ingieren.

A menudo el picaje y el canibalismo se mencionan de forma conjunta. Sin embargo, Keeling (1994) informó que en los rebaños que presentan picaje no siempre aparece el canibalismo; y si aparece éste es desarrollado por otros animales diferentes a los que realizan picaje, por lo general el número de animales canívales es menor. Bestman (2000) informa de resultados en Holanda, donde se ha observado que mientras el picaje se produce durante todo el periodo de puesta, el canibalismo está relacionado con la aparición de enfermedades u otros eventos negativos, lo que hace al canibalismo menos predecible que el picaje.


Gallinas dándose baño de arena y postura de jadeo con alas abiertas por efecto de las altas temperaturas (Foto autores)

En Holanda, se informa que el 50% de los rebaños de gallinas ecológicas presentan picaje severo; el 25% moderado y otro 25% del picaje es ligero o no se presenta (Bestman, 2002). Esto indica la importancia de la incidencia de este comportamiento anormal en las granjas avícolas ecológicas. Los veterinarios entrevistados por García Trujillo y Fernández (2005), informaron una mayor ocurrencia de picaje en rebaños convencionales que en los ecológicos. En este estudio se informó de la presencia de picaje en rebaños de gallinas ecológicas criadas con acceso a patios con una densidad de 4 m2/gallina, pero no en los rebaños en pastoreo.

En gallinas ponedoras puede aparecer un comportamiento anormal de picaje bajo varias condiciones. Los más citados son: deficiencias en la alimentación, ausencias de camas, mala calidad de estas, acciones que molesten a las aves, etc. Aunque el factor común parece ser el estrés (Bestman, 2000).

Los manejos que estimulan el comportamiento natural de las aves presentan un importante efecto sobre la reducción del picaje, ya sea por la disminución del estrés o por si mismo. En este sentido Green y col. (2000), encontraron correlación negativa entre el uso del área exterior por las gallinas y el picaje (r=-0,80**), con lo cual se reduce la densidad en los gallineros. Todo parece indicar que lograr que las aves se estimulen a salir al exterior depende de la calidad de estas áreas, encontrándose por el autor antes señalado una alta correlación negativa entre el porcentaje de suelo cubierto de vegetación superior a un metro y el picaje (r=-0,635**). De aquí que un área de pastoreo solamente con hierbas bajas es menos conveniente para las aves que aquellos en los que se presenta una vegetación compleja. Se recomienda en las áreas de pastoreo sembrar maíz, frutales, arbustos, tanto en los pastos como en las cercas. El arribo de las pollitas a las granjas antes de las 17 semanas de vida se ha visto que estimula el uso de las áreas exteriores.

El empleo de camas secas y esponjosas permite al animal escarbar y picotear y se han encontrado relaciones entre ellas y la reducción del picaje (Green y col., 2000). Igualmente, esparcir granos sobre la cama produce una reducción del picaje, proponiéndose en la norma Holandesa esparcir en los pisos 5 g/gallina/día. Permitir el acceso diario de las aves a los patios y que puedan salir en horas tempranas (antes de las 10 horas), también presenta efectos positivos en la reducción del picaje.

La reducción del estrés es un elemento central para reducir el picaje. Por tanto, las estrategias de manejo de los animales y las instalaciones deben considerar siempre la forma de proporcionar condiciones a los animales que reduzcan el mismo.

En las granjas avícolas ecológicas estudiadas en Andalucía, el picaje ha explicado el 54% de la mortalidad registrada. Éste ha sido provocado principalmente por raciones mal formuladas y desequilibradas, por motivos ambientales, o de mal manejo de las gallinas. Los productores señalan que hay lotes que desarrollan más el picaje que otros; lo cual muestra que hay aspectos en la crianza y adaptación de las pollitas a las granjas que pueden desarrollar picaje.

En las granjas estudiadas el picaje se presentó de forma muy variable. En dos de ellas el picaje fue moderado. Sin embargo, en otras dos granjas el picaje fue severo, alcanzando valores del 20% de aves afectadas, y en algunas de ellas desembocó en canibalismo. Se observó un menor picaje en las granjas con zonas de pastoreo amplias y donde se estimula el comportamiento natural de las gallinas. El grado de bienestar encontrado en las gallinas de las diferentes granjas, explicó el 92% de la variación del picaje observado.


Factores que influyen en la reducción del picaje en aves

Según los ganaderos ecológicos encuestados, una vez que aparece el picaje es muy difícil hacerlo desaparecer, complicando mucho el manejo de la granja, ya que deben continuamente revisar los lotes para sacar los animales que comienzan a desarrollar este comportamiento. Los ganaderos comentan que la adición de un 1 ó 2% de sal en la dieta durante 2 ó 3 días, ha tenido alguna eficacia en reducir el picaje a largo plazo; lo cual concuerda con lo informado por veterinarios que atienden rebaños ecológicos y que plantean que la sal adicionada al agua de bebida es muy efectiva para reducir el picaje (García Trujillo y Fernández, 2005).