El Montón, Manejo Adecuado
- Autor/a de la tecnología
- Antonio Guiberteau Cabarnilla, Juana Labrador Moreno
- Institución que la publica
- Ministerio De Agricultura Pesca Y Alimentación
- Documento fuente
- Técnicas de agricultura en agricultura ecológica
- Código de ficha
- 301265
El montón debe ser aireado frecuentemente para aprovechar mejor la oxidasa, una de las enzimas más importantes en la humificación. La humedad debe mantenerse entre el 40 y el 60 por 100, es decir, permanentemente húmedo, pero sin que al apretarse entre las manos rezume agua.
Si todo está correctamente ejecutado, la fermentación debe iniciarse rápidamente. Durante los primeros 15 días la subida de temperatura puede alcanzar los 65-70 grados centígrados.
Por encima de los 70 grados las temperaturas son peligrosas, por lo que conviene regarlo para limitar el calentamiento. Si esta subida no tiene lugar, se debe por lo general a una mala aireación, que favorece el desarrollo de gérmenes anaeróbicos, o una falta de humedad que bloquea el desarrollo de microorganismos; en cualquier caso es preciso deshacer el montón y reconstruirlo de nuevo.
La subida de temperatura es debida al desarrollo de actinomicetos, y resulta fundamental porque se segregan sustancias de naturaleza antibiótica, ante las cuales los hongos humificadores son indiferentes, pero bloquean el desarrollo de bacterias mineralizadoras.
Por tanto, se favorece la humificación en relación con la mineralización; además, se forman compuestos húmicos del tipo «melaninas», que son precursores del humus. Por último, por un proceso de pasteurización, se eliminan gérmenes patógenos y una parte de las semillas de plantas no deseables.
Debe prestarse mucha atención a la elaboración de mantillo, puesto que cualquier paso en falso (montón demasiado apretado, demasiada agua, mezcla desproporcionada, etc.) ocasiona fermentaciones indeseables que dan lugar a sustancias tóxicas para las plantas. En general, el mantillo bien elaborado tiene un olor característico agradable, como le sucede al buen estiércol, que cualquier agricultor sabe reconocer.
Según la estación del año, el clima y las condiciones del lugar, hay que voltear el montón cuando transcurran entre 4 y 8 semanas de su confección, repitiendo la operación dos o tres veces separadas a su vez cada 15 días. EI volteo debe ser completo, invirtiendo las capas. Aproximadamente a los 2 ó 3 meses ya disponemos de un mantillo joven, aún inmaduro, pero que puede utilizarse aplicándolo sobre la superficie del suelo, ligeramente enterrado.
El mantillo está particularmente recomendado para el cultivo de hortalizas, especialmente en aquellas regiones donde las condiciones climáticas frenan la actividad biológica. En cualquier caso, se trata de un material muy interesante para aquellos suelos en los que conviene acelerar la actividad microbiana.
Hay una modalidad de fabricación de mantillo llamada «compostaje en superficie» , que consiste en esparcir sobre el terreno una delgada capa de material orgánico finamente dividido, dejándolo descomponerse y penetrar poco a poco en el suelo. Este material sufre así una descomposición aerobia y asegura al mismo tiempo la cobertura y protección del suelo.
Tiene el inconveniente de que las pérdidas de nitrógeno son superiores, aunque algo se compensa, pues se favorece la fijación de nitrógeno atmosférico.