FUNDESYRAM
Manejo de Cultivos

Efectos físicos del cambio climático sobre la agricultura

Autor/a de la tecnología
José Mª Egea Botánica Facultad de Biología Universidad de Murcia Campus de Espinardo 30100. Murcia; Julio C. Tello Producción Vegetal Escuela Técnica Superior Universidad de Almería La Cañada de San Urbano 04120. Almería; Miguel Ángel Altieri Dpto. de Control Biológico Universidad de Berkeley California.
Institución que la publica
Universidad de Murcia · España
Documento fuente
Agroecología, volumen 3, Año 2008. · 10 pág.
Código de ficha
300596

Descripción de la Tecnología:

Objetivo: Conocer cómo afecta el cambio climático en la producción de la agricultura en nuestra madre tierra.

Reduzcamos los productos químicos, veamos nuestro futuro y no matemos nuestra tierra. Seamos agentes de cambio en nuestra comunidad.

Descripción General:
Se predice que el calentamiento global dará lugar a una variedad de efectos físicos incluyendo el aumento en la temperatura del agua del mar, junto con la pérdida parcial de glaciares, cuyo resultado será un incremento del nivel del mar el cual puede estar en el rango de 0,1 a 0,5 metros hacia mediados de siglo, según las actuales estimaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC). Tales incrementos podrían plantear una amenaza a la agricultura en las áreas costeras, don­de se ve afectado el drenaje de agua superficial y sub­terránea, así como también puede ocurrir la intrusión del agua de mar en los estuarios y acuíferos. En partes de Egipto, Bangladesh, Indonesia, China, y de otras áreas costeras que ya presentan drenajes empobrecidos, es probable que la agricultura llegue a ser cada vez más di­fícil de sostener. Algunas islas del Pacifico ya están parti­cularmente en riesgo (Rosenzweig y Hillel 2008).

Un impacto potencialmente significativo del cambio climático para la producción de las pequeñas fincas es la pérdida de materia orgánica del suelo debido al calen­tamiento de este. Temperaturas más altas del aire pue­den acelerar la descomposición de materia orgánica, e incrementar las tasas en otros procesos del suelo que afecten su fertilidad. Bajo un suelo más seco las con­diciones de crecimiento de raíces y la descomposición de materia orgánica se suprimen significativamente, y dado que la cobertura del suelo disminuye, la vulnerabi­lidad a la erosión por viento incrementa especialmente si los vientos se intensifican. En algunas áreas, se espera un incremento en la precipitación convectiva (causada por gradientes más fuertes de temperatura y presión y más humedad atmosférica) lo cual puede causar ero­sión severa del suelo, en especial en laderas.

Las condiciones que son generalmente más favora­bles para la proliferación de los insectos plagas se dan en climas más calientes. Estaciones de crecimiento más largas pueden permitir a varias especies de insectos pla­gas completar un mayor número de ciclos reproductivos durante primavera, verano, y otoño. Temperaturas más calientes en invierno también pueden permitir a las lar­vas sobrevivir en áreas donde ahora están limitadas por el frío, causando así una mayor infestación durante la si­guiente estación de cosecha. La mayoría de los estudios han concluido que los insectos plagas serán generalmen­te más abundantes a medida que la temperatura aumen­ta, con un número de procesos correlacionados, incluyen­do las posibilidades de extensión y cambios fenológicos, así como índices crecientes del desarrollo de población, crecimiento, migración e hibernación. Se espera que las plagas migratorias respondan más rápidamente al cam­bio climático que las plantas, ya que es posible que pue­dan colonizar nuevos cultivos y hábitats. Un incremento gradual del CO2 atmosférico afectará directamente a las especies de plagas por efecto de la fertilización por CO2 e indirectamente vía interacciones con otras variables ambientales. Sin embargo, respuestas individuales de las especies al CO2 elevado variarán. Algunos experimentos recientes en condiciones de CO elevado2 han sugeri­do que los áfidos pueden llegar a ser plagas más serias, aunque otros estudios no han discernido ningún efecto significativo sobre otras especies de homópteros. En ge­neral poco se sabe los efectos de estos cambios sobre la dinámica poblacional de cientos de especies de plagas.
Los modelos sobre efectos en enfermedades de plan­tas indican que el cambio climático podría alterar etapas y tasas del desarrollo de ciertos patógenos, modificando la resistencia del hospedero, y dando lugar a cambios en la fisiología de las interacciones entre hospedero y pató­geno. Las consecuencias más probables son cambios en la distribución geográfica de hospederos y patógenos e incrementos en las pérdidas en cosechas, causados en parte por los cambios en la eficacia de las estrategias de control bajo nuevos escenarios climáticos. Los patrones alterados del viento pueden cambiar la dispersión de bacterias y hongos y por lo tanto la diseminación de en­fermedades foliares. La literatura limitada en esta área su­giere que el impacto más probable del cambio climático será sentido como pérdidas debido a enfermedades que cambian su distribución geográfica. En general se espe­ran incrementos en temperatura y humedad y se predice que muchos patógenos incrementan su severidad.

Los posibles aumentos en infestaciones debidas a pla­gas y enfermedades pueden llevar al mayor uso de pes­ticidas químicos para controlarlos, situación que puede incrementar costos de producción y también problemas ambientales asociados al uso de agroquímicos tóxicos. Por supuesto ésta no será la estrategia seguida por los pequeños agricultores quienes utilizan los policultivos, agroforestería u otras formas de sistemas diversificados para prevenir las infestaciones de insectos ya sea por­que una cosecha puede ser plantada como hospedero diverso, protegiendo otros cultivos más susceptibles o económicamente más valiosos o porque los cultivos que crecen simultáneamente promueven la abundancia de predadores y parásitos que regulan en forma biológica las densidades de plagas (Altieri y Nicholls 1999).