Controles Fitosanitarios
- Autor/a de la tecnología
- Antonio Guiberteau Cabarnilla, Juana Labrador Moreno
- Institución que la publica
- Ministerio De Agricultura Pesca Y Alimentación · Argentina
- Documento fuente
- Técnicas de agricultura en agricultura ecológica
- Código de ficha
- 301138
La prevención de las plagas y enfermedades es esencial. Se debe situar a los vegetales en las mejores condiciones posibles de desarrollo para que sus mecanismos de defensa puedan funcionar normalmente. Pero, como ya hemos visto, situarlos en las mejores condiciones no significa suministrarles abonos solubles en cantidades generosas. Por el contrario, de esta manera obtendremos plantas más sensibles, incapaces de prosperar sin una protección sanitaria importante. Sólo una nutrición equilibrada y completa nos proporciona vegetales resistentes o tolerantes a una determinada población de parásitos sin efectos económicos importantes, y, como se ha visto, sólo nutriendo al suelo y ele-vando su fertilidad conseguiremos que éste a su vez nutra equilibradamente a los vegetales que cultivamos.
Numerosos estudios han mostrado el papel de la fertilización orgánica como importante factor de resistencia hacia diversas plagas y enfermedades. Podemos citar por ejemplo las realizadas por Cook (1976) en aguacates frente a Phytoptora, las de Reinmuth y Dove (1966) en patatas frente a escarabajo, las de Mehani (1969) en alcachofa frente al mosaico, o las de Sayre (1971) sobre nemátodos fitopatógenos.
Las prácticas culturales, como la rotación de cultivos, tienen una importancia indiscutible en el control de plagas y enfermedades.
La asociación es también un medio eficaz, habiéndose probado el papel repelente que sobre determinadas plagas tienen algunos vegetales, y de la que ya se ha citado algún ejemplo.
En cuanto a los abonos verdes, autores como Schaerffenberg (1968) han mostrado el importante papel que juegan en el control de nemátodos. El suelo, recibiendo aportes de materia verde y de mantillo y estiércol suficientemente maduro, mantiene un equilibrio saludable. Los nemátodos y hongos saprófitos se desarrollan convenientemente y se impide una multiplicación excesiva de hongos parásitos como Fusarium y Pythium. El secreto de la aparente inmunidad de las plantas en cultivo ecológico frente a los temibles problemas de «hongos de pie» radica en este equilibrio en la actividad biológica del suelo. Los organismos saprótos ocupan, por así decirlo, el lugar de los parásitos.
Equilibrio es también el objetivo en la parte aérea. Como es sabido, todas las especies tienen relaciones e interdependencia entre sí, y no es posible pretender eliminar algunas de ellas sin graves e imprevisibles consecuencias sobre todo el ecosistema, hombre incluido. Por tanto, el planteamiento en la lucha ecológica contra los parásitos será el de mantener y favorecer la presencia de los enemigos naturales de éstos, y mantener la población de parásitos en unos niveles determinados, económicamente aceptables, sin pretender su eliminación.
No se utilizan, pues, los pesticidas, que tienen el inconveniente de no ser su^cientemente selectivos, es decir, que eliminan junto con el parásito otros insectos útiles, entre ellos los enemi-gos de este parásito, con lo cual al cabo de poco tiempo se produce el conocido efecto de «rebote» , es decir, que el parásito, que generalmente tiene un potencial reproductivo mucho mayor, al verse libre de sus enemigos se multiplica rápidamente reapareciendo el problema con más virulencia que antes. De esta manera se obliga a repetir una y otra vez los tratamientos, con lo que los riesgos de presencia de residuos de pesticidas o sus metabolitos en los alimentos y la contaminación del entorno se agravan.
Sucede con frecuencia, además, que no toda la población tratada con un determinado pesticida muere. Algunos pocos individuos, por mecanismos de mutación o selección, son capaces de sobrevivir, transfiriendo a su descendencia esta resistencia frente al insecticida, con lo que al cabo de poco tiempo la población entera se ha hecho resistente y es necesario sustituir el insecticida por otro diferente.
Mas ^qué hacer cuando aparece una plaga o enfermedad? En primer lugar preguntarse por el motivo de esa presencia y sobre qué se ha hecho mal. Las razones pueden ser muchas: exceso de nitrógeno (estiércol o mantillo en cantidades excesivas o demasiado mineralizado), variedades muy sensibles, cultivo demasiado forzado, etc. Esto naturalmente sólo servira para evitar errores en el futuro, pero ahora ^qué hacer con la cosecha?
El CRAE autoriza la utilización de determinadas sustancias cuyo uso no deseable tiene al menos la ventaja de que son menos agresivas y tienen menor incidencia sobre el ecosistema. Son los insecticidas y fungicidas naturales, así como una serie de preparados a base de plantas que tienen un efecto repelente sobre los parásitos o tonificante sobre los vegetales, e incluso, en bastantes casos, una acción fungicida o insecticida directa.
Los insecticidas autorizados por el Consejo Regulador son: pelitre, rotenona, cuasia, nicotina y sus sales, jabón blando o de potasa, sulfato de hierro, aceites vegetales y animales, ryania speciosa, nim (Azadirachta indica), tierra de diatomeas, metaldehído (como repelente o en cebos), aceite de parafina, aceites de verano y polisulfuro de calcio y bario. Estos no tienen la persistencia de los insecticidas comerciales, por lo que en algunas ocasiones hay que repetir el tratamiento tras una Iluvia fuerte.
Se utilizan también medios de control biológico, como la liberación de predatores o parásitos, el empleo de machos esterilizados (bajo ciertas condiciones y con la autorización directa del CRAE) y la utilización de feromonas sexuales y de crecimiento, siempre que se evite su contacto directo con los cultivos (por ejemplo en cebos o trampas). También se utilizan los preparados virales, fúngicos o bacterianos, como es el caso del Bacilus thuringiensis, contra orugas (Heliothis, Pieris, taladros del maíz, etc.).
Los fungicidas autorizados son el azufre como antioídio, que también tiene efecto acaricida, y las sales cúpricas (sulfato y oxicloruro) como antimildiu. El sulfato se neutraliza con cal (caldo bordelés). También pueden utilizarse los silicatos, propóleos y el permanganato potásico, este último sólo en tratamiento de semillas.
Los preparados vegetales más conocidos están hechos a base de ajenjo, tanaceto, cola de caballo y ortigas. La preparación se efectúa mediante fermentaciones en agua fría, decocciones o infusiones. Cada especie tiene una técnica concreta de prepararación y suelen aplicarse diluidos en proporciones de 1:5, existiendo numerosas publicaciones que especifican las medidas de preparación y los problemas y cultivos en los que está recomendado su uso.
Finalmente cabe citar algunas medidas, como la desinfección de suelos para semilleros por medios térmicos: agua caliente, vapor de agua, acolchado con plástico, solarización, etc.