Aspectos ecologicos de los sistemas agroforestales
- Documento fuente
- Sistema agroecologico
- Código de ficha
- 500342
ASPECTOS ECOLÓGICOS DE LOS SISTEMAS AGROFORESTALES
Un método de uso de la tierra es sostenible siempre y cuando este no produzca un deterioro de la capacidad productiva del sitio.
El aumento de la erosión y la disminución de la fertilidad de los suelos son las dos causas principales de la reducción de la capacidad productiva de los suelos.
El impacto de la pérdida de suelos sobre la productividad depende de una serie de factores tales como:
- La velocidad de formación del suelo superficial.
- La profundidad del suelo.
- La distribución de nutrientes en el perfil.
Esto hace difícil evaluar la sostenibilidad de un sitio a largo plazo. (Mac Dicken y Vergara, 1990).
La presencia de árboles provee a los sistemas agroforestales algunas características que pueden favorecer la productividad y la perdurabilidad. Estas pueden incluir: efectos sobre el ciclaje de nutrientes, protección contra la erosión, modificación del microclima, estratificación en el uso de recursos y efectos sobre las poblaciones de plagas, entre otras.
Para aclarar mejor, a continuación se analizan estos aspectos:
3.1.1 Efectos de los árboles sobre los suelos.
Los efectos benéficos de los árboles sobre la fertilidad de los suelos pueden incluir tanto una mejora en la estructura del suelo como aumentos en la disponibilidad de nutrientes. También pueden ocurrir efectos perjudiciales, tales como aumentos en la acidez, producción de sustancias alelopáticas y competencia con otras especies por agua o nutrimentos.
En el Cuadro 1.5 se muestran en forma resumida los posibles efectos beneficiosos de los árboles sobre los suelos, destacándose aquellos efectos para los cuales existe evidencia y aquellos que aún no han sido adecuadamente demostrados.
Los principales efectos de los árboles sobre los suelos son consecuencia de la materia orgánica obtenida por medio de:
- La hojarasca y las podas
- La descomposición de troncos y raíces.
La mayoría de estudios sobre este tema han sido realizados en bosques naturales o en bosques plantados, en sitios de agricultura migratoria o en parcelas de regeneración natural.
Las prácticas agroforestales no siempre benefician a las propiedades físicas y químicas de los suelos; por otro lado muchos ejemplos sobre efectos beneficiosos han surgido de investigaciones realizadas en suelos fértiles que no necesitan una gran mejoría.
Las especies arbóreas pueden influir sobre el pH, cationes, materia orgánica, contenido y disposición del nitrógeno y fósforo del suelo.
Por ejemplo, el pH del suelo en una plantación de Gmelina arbórea (melina)sobre ultisoles en Brasil fue de 5.2 mientras que bajo plantación de pino el pH fue de 3.9, aproximadamente igual que el encontrado bajo bosque nativo. (Sánchez et al.), 1985).
Bajo plantaciones de Gmelina, también se encontró mayor cantidad de calcio, 860 kg./ha, que bajo pino en el que se encontraron 100 kg./ha. y bajo bosque nativo en el que se encontraron 40 kg./ha.
En plantaciones de 10 años de edad de Cordia trichotoma (peteribí o loro negro) y Caesalpina echinata (palo brazil) también se encontró que los contenidos de calcio intercambiable, magnesio y potasio, eran de 2 a 3 veces mayores que el bosque nativo, mientras que no se reportaron cambios bajo Dalbergia nigra (jacarandá de bahía)
En la zona Atlántica de Costa Rica, Montagnini y Sancho (1990ª, 1990b) encontraron mayor contenido de materia orgánica y nutrimentos bajo seis especies de árboles nativos en una plantación de tres años de edad, que bajo pasto, con niveles cercanos a los presentes en un bosque secundario de 20 años; los efectos más llamativos se encontraron bajo: Vochysia ferruginea (botarrama y Stryphnodendron excelsum (vainillo). La caída de hojas fue también mayor bajo esas dos especies que en las otras especies del ensayo. La hojarasca de V. ferruginea tendía a acumularse en el suelo, indicando un aporte considerable de materia orgánica, pero también señalando que su descomposición era lenta, lo cual puede ser favorable si se desea mantener una cobertura del suelo, pero desfavorable si se espera un reciclaje rápido de nutrimentos. (Montagnini et al.), 1991).