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Sistemas Agroforestales

Árbol de Amate

Autor/a de la tecnología
Salvatruchos
Institución que la publica
SalvaTruchos.com · El Salvador
Código de ficha
700065

 Esta variedad, conocida también como ámate negro, es un árbol mediano, siempre verde; alcanza una altura de 24 metros y un diámetro de más de dos metros. Su follaje verde oscuro, lustroso, forma una copa baja, extendida, que a veces desarrolla raíces aéreas de las ramas. Al cortar cualquiera de sus partes exuda un látex blanco, cuajoso y abundante. Sus hojas son semillas y alternas. Sus flores son diminutas, encerradas en receptáculos esféricos pequeños, poco visibles; el fruto es una esfera carnosa parecida al higo, de verde a morado, con puntos blancuzcos y muchas semillas diminutas por dentro. Se encuentra en las zonas cálidas de México, América Central y Panamá.

Este árbol, generoso por su sombra, es común en los potreros, donde se cobija el ganado; también se encuentra cerca de las moliendas de caña de azúcar, donde todavía se utilizan las hojas como cucharas para degustar la miel; en los patios de las casas de campo, donde se celebran las tertulias familiares y alegres reuniones como las “atoladas”; también se yergue en las plazas de muchos pueblos.

La sombra oscura que proviene de su espeso follaje hace del ámate un árbol lleno de misterio. Los relatos que se cuentan bajo la tupida copa encierran legendarios temores. Cuenta una de esas leyendas que la flor del ámate puede ser vista a media noche y solo el diablo la puede coger. Si un mortal la desea debe de esperar esa hora, acostado sobre un petate, con cuatro candelas encendidas en cada una de las esquinas, invocar al diablo, hasta que las flores, como por arte de magia, se desprendan y caigan al pecho del valiente caballero, quien debe de luchar contra el diablo para no dejárselas arrebatar. Si sale victorioso adquirirá poderes sobrenaturales, sobre todo para seducir a las mujeres.

El nombre de amate proviene de la palabra: nahuatl amacuahuitl, formada por amatl: papel y cuahuitl: árbol, el amate ha existido como parte de una vegetación exuberante desde tiempos prehispanicos y era aprovechado por los pueblos mesoamericanos para fabricar papel de su corteza, donde se pintaban los codices.

Los codices fueron los “libros” de nuestros abuelos, donde guardaban gran parte de su sabiduría. Un informe de 1590, del jesuita Jose de Acosta, habla de “los Libros de Hojas” que, en 1561, Diego de Landa, obispo de Yucatán, quemo, en una hoguera, como objetos de culto al diablo. Lamentablement e, los pocos codices que se conservan se encuentran fuera de tierras mesoamericas. Cuatro de los mas conocidos de estos Manuscritos son el Codice Tro Cortesiano, conocido como Codice de Madrid; el Codice de Dresden, el Codice de Paris y el Codice Grolier.

En la actualidad, todavía se fabrica el papel de amate en poblaciones indígenas de Mexico y en algunos talleres artesanales de El Salvador. En lienzos con el fondo café oscuro natural, se pintan figuras de animales, especialmente aves y flores en colores muy llamativos, para luego venderlos en los lugares turisticos. Para su fabricación, los artesanos, mediante un proceso de cocción, obtienen la fibra de la corteza, la trabajan hasta obtener unas tiras largas y planas, las colocan sobre madera y las machacan con una piedra cuadrada con estrias; las fibras se ensanchan hasta juntarse, formando una capa delgada, que al secarse se despega de la tabla, lista para pintar o escribir sobre ella.

En algunos sitios arqueologicos de El Salvador todavía se encuentran estas piedras cuadradas, conocidas como “machacadores”, y se pueden apreciar en los museos nacionales.